Fundación Bangassou - El Fundador

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El Fundador

El Fundador

     

      Monseñor Juan José Aguirre Muñoz representa el pilar fundamental de la Fundación. Nacido el 5 de Junio de 1954, su vida iba por la senda de la medicina hasta que decidió dedicarse al  sacerdocio a través de la Congregación de los Misioneros Combonianos.

      Ordenado Obispo de Bangassou en el año 2000 tras ser nombrado coadjutor de su predecesor, dejó atrás todo lo que conocía para dedicarse a ayudar a quienes más lo necesitan. Lejos de su bellísima ciudad natal y de su gente, cada día da lo más preciado que un hombre puede tener: sus ideas y su tiempo, con el único objetivo de evangelizar y ayudar a los más pobres. Con la ayuda de Instituciones públicas y privadas ha construído varios hospitales entre los que se encuentra el Buen Samaritano, capaz de ofrecer asistencia a embarazadas, enfermos de SIDA en incluso realizar operaciones quirúrgicas.

 

 

 

"Todos estos proyectos los hemos puesto en las manos de Dios para que Él les dé el Espíritu que los animará a través del apostolado y de la fé"

 

"Muchas gracias a todos los que han colaborado de alguna manera en su realización aportando un granito de arena"

 

"Aunque en Bangassou la siempre parece  sonriente, la procesión va por dentro"

 

"Siempre tienen la sonrisa en los labios, pero como dice el proverbio: nunca se ven las lágrimas del pez cuando llora"

 

 

JUAN JOSÉ AGUIRRE MUÑOZ

Obispo de Bangassou

 

 

 

 

 

CARTAS DE JUANJO DESDE BANGASSOU

 

 

 

 

 

Chantale y otros ángeles

Diciembre 2020

Chantale y otros ángeles

Chantale y otros ángeles

     Una Navidad sin cena de Navidad, sin turrón ni polvorones, es insólito, como pegarle una patada al sentido común, o al menos, darle un requiebro a lo que siempre se ha hecho.

     El covid19 manda este año, pues esta tempestad mundial ha dejado al desnudo todas nuestras fragilidades, incluso ha puesto de rodillas el consumismo reinante en todo su esplendor. Aquí en Bangassou nunca ha estado de moda cenar juntos en familia, ni darse regalos, ni someterse a la realidad virtual que nos ha hecho perder el gusto por lo real.

     Normalmente a las 10 de la noche del 24 de diciembre todos están ya en la cama. En Bangassou, tierra-tierra en los subterráneos de este mundo, lo único necesario siempre ha sido el participar a la misa de Navidad al atardecer, sobre las 6, cantar sus cantos de noche de paz, entrar en la gruta de Belén, descansarse en la contemplación de la Sagrada Familia y oír los ángeles cantando las glorias de la Navidad. Abandonarse en contemplar el rostro del Niño Dios.

     Aquí la Navidad se vive desde el corazón, no desde los sentidos. Después de la Misa, con buen regusto del dulce canto en la boca, la familia se va dormir. A lo más, cuando desde las diferentes capillas todos los curas nos juntemos en la catedral cerca de la media noche y abriremos unas sardinitas marroquíes con un chorreoncito de Ketchup.

     Mientras escribo esto, me quedo pensando en los ángeles de Dios que cantarán la Navidad a la Sagrada Familia en la oscuridad del establo, actores discretos en la fiesta, un poco en segundo plano, como decorados indispensables. Ellos serán testigos del silencio de la gruta, de los dolores de parto, del niño pasando del útero de su madre al útero gigante de la tierra, de la inquietud de San José buscando agua y limpiando restos, de la llegada de los primeros pastores, como dicen nuestros villancicos, lleno el zurrón de miel y requesón. Del niño Jesús, rostro humanizado de Dios, oliendo el pezón, buscando teta.

     En nuestra Navidad de Bangassou, no faltará Chantale, 22 años, porque será la primera vez desde hace 10 que podrá participar en la misa de Navidad. Me la encontré hace dos meses a 150 km de Bangassou, huida de la selva, después de 10 años explotada y prisionera de los asesinos de Joseph Kony, la LRA. Arrancada con 12 añitos de su familia un día que iba a trabajar el campo. No tuvo tiempo de tener sus primeras reglas cuando ya recitaba de memoria el diccionario de la violencia sexual. Era obligada a correr con 20 kilos de carga en la cabeza mientras sus secuestradores asaltaban pueblos y quemaban hórreos expoliados.

     Esta LRA lleva 40 años asesinando a mi pueblo sobretodo en el Congo, en Centroáfrica y en el Sud Sudán y todavía nadie se ha interesado por terminar con ellos. Ongs como la americana Save of Children dice que se interesa, como en aquella campaña Stop Kony del 2005, pero, a pesar de las grandes ayudas recibidas, han hecho un agujero en el agua.

     Vamos a tardar solamente 12 meses en encontrar la nueva vacuna del covid19 porque toda la sociedad de consumo se ha puesto a ello. Pero la LRA lleva 40 años machacando a jóvenes como a Chancela, robándoles la vida, y aún campan a sus anchas. Ella estudia ahora felizmente en el colegio aquí en la Catedral (su sueño es terminar un día enfermería). Y cantará como un ángel la Navidad después de 10 años de silencio. Junto a ella los 20 aprendices de carpintería, 3ª tanda en dos años, que salen del vacío de la violencia para entrar en la gruta de Belén, llena la boca de futuro e ilusiones para cantar como ángeles al niño recién nacido. Allí estará Divina, último bebé llegado al orfanato, escuálida como una anguila, toda ojos en la cara. Su historia es larga pero ya llegó a una meta de su vida en donde será tratada con mucho amor y biberón en abundancia. Su mudo canto será también canto de Navidad en Bangassou.

     Y luego estarán las de la costura, los que van a empezar a fabricar los ladrillos para el seminario, los pobres con demencia senil de la casa de la Esperanza. Nuestros seminaristas estarán también, junto al asno y la vaquilla, y mi amigo Issa, refugiado musulmán en el seminario menor. Aunque cantará en árabe y pondrá mucho empeño lo entenderemos bien pues la música es universal. Gloria in excelsis Deo!

     La humanidad más desvalida no faltará a la cita en la gruta de Belén.

                                                                                  Juan José Aguirre Muñoz

                                                                                      Obispo de Bangassou

 

VINIERON A VERME

Septiembre 2020

VINIERON A VERME

VINIERON A VERME


     Acabo de volver a Bangassou después de 4 meses de confinamiento.

     Traía mi PCR negativo hecho, pero nadie me lo pidió en ningún sitio del largo viaje. Aquí es como letra muerta. He caído de lleno en zona de coronavirus atenuado, como una alerta que todos oyen y nadie sabe dónde está,  como si alguien hubiera cortado al bicho una parte de su mortal aguijón. Un covid19 borracho y entontecido.

     En Europa y en el mundo parece que llega “un cambio de época” por efecto de la pandemia. En Centroáfrica todo parece seguir igual. Luchas intestinas, mercenarios que pisotean impunemente el país, las grandes potencias que se disputan sus materias primas, acuerdos firmados que son pólvora mojada, elecciones en el horizonte… Nos roban todo menos la esperanza.

     Centroáfrica recibe mucho dinero de la OMS para frenar el covid19 pero los casos son pocos y muy poco letales. En la capital Bangui, parece que ha habido más contagios y muertes sobretodo en ciertos barrios hacinados.

     Eso sí, decenas de ongs pasan haciendo estadísticas sobre el covid19, sesudos organigramas, encuentros de formación sobre el uso de la mascarilla, que aquí en Bangassou el 99% de la población no usa, idas y venidas para llevar cubos con lejía a pueblos  lejanos, largos viajes por caminos infectos para proclamar en plena selva que un día podría llegar aquel que mata a tanta gente en el resto del planeta. He contado hasta 6 en Bangassou que han recibido fondos para luchar contra el covid19 y dan la misma formación a la misma gente con los mismos contenidos. Ojalá que nunca llegue a ser tan letal como en Sudáfrica, sobre todo con la virulencia que hemos visto en Europa en los meses de invierno y primavera.

     Aquí en Bangassou la gente solo usa las mascarillas en la Iglesia los domingos. Además, nadie puede obligar a los habitantes de un país ocupado en su 70% por criminales señores de la guerra a usar unas mascarillas que no pueden pagar. Y aunque quisieran, tampoco, porque no hay donde comprarlas. Aquí nadie vende mascarillas. Ni en el mercado. El precio de una sería lo que una mujer rebaña en una mañana de trabajo en el mercado.

     Aquí mi gente tiene solamente la mascarilla multiusos que hemos cosido en el taller de costura diocesano. Mujeres musulmanas y cristianas juntas para confeccionar mascarillas de colorida tela africana.

     Obligamos a miles de niños de nuestras 18 escuelas a lavarse las manos con jabón y agua con lejía antes de entrar a clase. Los “obligamos” a tener distancia interpersonal durante el recreo… pero los niños dicen que nanay de la China, que la mirada está en la pelota no en el virus. Tampoco llevan mascarilla  las autoridades. 

     Vinieron a verme después de la Misa la Delegada del gobierno en Bangassou junto con el subdelegado y el alcalde. Sin mascarillas. Yo coloqué sus sillones un poco retirados entre sí y hablamos de muchas cosas políticas y sociales. No se habló de covid19.

     El campo de desplazados musulmanes enfrente de la catedral apesta de desconsuelo, aparte del olor de las letrinas que se funde con el de las lonas de las chabolas tostadas por el sol. Ya no hay inseguridad en Bangassou.

     Hace tres años estuvimos en el infierno. Hoy ya no, gracias al sentido común de la gente, al saber hacer de la mayor parte de los soldados de la Onu y los nuevos reclutas de las fuerzas armadas del gobierno (FACA), al diálogo y al instinto de supervivencia de musulmanes y no musulmanes. Estos 2000 musulmanes que ocupan el seminario menor católico tendrían ya que estar en sus barrios. Pero las casitas nuevas que un organismo de la Onu debería haber construido para ellos, aún no lo ha hecho.

     Desde Bangui dicen que todo va bien, como decir que trabajar a paso de tortuga es lo razonable. Así los DPIs, así hay que llamar a los desplazados, se han convertido en 485 familias de asistidos que han perdido su aliento como comunidad, la calidez de sus rezos repetitivos, su intimidad, sus fiestas con muchos dulces… 2000 personas sin paz interior, desubicados. Viven en el seminario, hacinados, mientras un montón de ongs y organismos continúan a despachar alimentos y cacerolas, ahora jabones y lejía anti civid19, kits de supervivencia y bragas desechables, sin que nadie desee acelerar el proceso.

     El grupo de buenas Ongs queda oscurecido y contaminado cuando otras menos buenas pululan a su alrededor. El grupo de capos  de origen chadiano que controla el campo, recibe su mordida regularmente a costa de los demás DPIs. Las familias callan. El miedo es libre. Porque los mafiosos y su cohorte de escoltas amenazan a quien quiere volverse al barrio para que no baje su porcentaje de chantaje. 70 familias ya se han vuelto al barrio llevándose también los muebles del seminario.

     Otras muchas familias están tomando fuerzas para dar el paso. Los soldados de la Onu que controlan el campo están mudos y desaparecidos. Ellos también, mientras más dure esto, menos trabajo, menos peligro y más pronto volverán a su país para recibir una justa jubilación con una casita en la playa. Y pasan todo el santo día mirando crecer los árboles, soñolientos. De esto hablábamos con la Delegada del gobierno en Bangassou, 110 kilos de masa corporal que, ya aparte, me pedía unas botellas de aceite del bueno, del que llega en los contenedores, “aceite de oliva virgen extra envero de picual”, trataba de recordar ella de la última vez…

     Vinieron a verme los catequistas de la parroquia catedral. Uno de ellos ha perdido a su mujer y hace duelo. Solo en Dios encuentra consuelo, dice él. Porque el zarpazo letal de la muerte duele en todas partes. Se le fue la paz de su vida y él se quedó desarbolado. Desnudo. Le dije que hojitas de calendario, que nadie le quite la esperanza, que la comunidad cristiana le ayudará a no hundirse… 

     Vinieron a verme los niños y niñas del orfanato, todos bien vestidos y sonrientes. Las niñas más crecidas llevan en sus espaldas los dos últimos bebés llegados en estos meses. Nunca entendí cómo consiguen moverse con tanta soltura cuando el bebé en su espalda está asegurado a su piel con solo dos nudos. Ellos si tenían mascarillas, pero enseguida se las pusieron al cuello como si éstas pudieran también protegerles de las anginas.

      Algunos niños rezaron en alta voz para dar gracias a Dios por mi vuelta. Rezaron sobre mi y yo me dejé bendecir por ellos. Luego me contaron cómo hacían panecillos y buñuelos en el horno que la cooperante de Jaén, Pepa, hizo para ellos. Rebosaban de gozo por su horno nuevo… Comprendí porqué Jesús se asombraba tanto de la ingenua sencillez de los niños.

     Vinieron a verme mis curas, uno tras otro, saludándole de lejos, a dos metros como les han enseñado las Ongs que deben hacer, pero acariciándome con la mirada porque el confinamiento alejó involuntariamente el Pastor de sus pastores. Después de saludar y beber un trago de agua fresca juntos, pidieron ver mi agenda: confirmaciones atrasadas, una ordenación sacerdotal anulada en busca de fecha nueva, proyectos de carpintería para jóvenes aún pendientes, visitas pospuestas… yo quería delegar en mis dos vicarios, pero ellos me decían que nones,  que mi presencia es como la miel que atrae a las abejas, que hasta los mercenarios nigerianos que controlan Zemio dejan pasar el río a los apenados habitantes de la ciudad exilados en el Congo cuando yo estoy en medio de ellos. Yo les di rienda suelta y les dejé llenar mi agenda intentando contentar a todos… Asi que, si el cuerpo aguanta, y sobre todo con la gracia de Dios, hasta Navidad tengo pastoral de la buena hasta las cejas, la de mucho convivir junto a la gente sencilla.

                                                                  Juan José Aguirre    01/09/2020
                                                              Obispo de Bangassou (Centroáfrica)

El rostro velado del Cristo de Bangassou

Marzo 2020

El rostro velado del Cristo de Bangassou

     Tengo el gusto de presentaros a nuestro Jesús crucificado de la catedral de Bangassou. Aquí llevamos 5 años de guerra civil a baja intensidad. Tantos y tan malos, que nuestro Jesús se cubre el rostro, se pone una máscara que esconde sus ojos de dolor por la miseria que es una guerra y lo míseros que son los que la hacen y la pagan en moneda extranjera. Es una máscara africana que deja ver sin mostrar el rostro. Un mirar oculto típico de la filosofía africana, que aun con los ojos cerrados, Cristo está bien cerca de su pueblo y lo compadece con su mirada. El nuestro es una imagen muy sencilla, un tronco de madera pintada, sin manos ni pies. Por el título que lleva inscrito en lo alto de la cruz, “Jesús Nazareno Rey de los Judíos”, sabemos que es El. Que los dos representan el mismo Cristo muerto por la humanidad, único asidero para los afligidos de este mundo. Nos es un Cristo artístico, ni con pedigrí, no tiene firma en su talla, ni colores humanos que lo idealicen. Es gris como todos los seres humanos, no busca el éxito, es hierático y estilizado, no tiene joyas ni deslumbra. Cierra los ojos para no ver las miserias ajenas con las que El fue escarnecido, se cubre con una máscara, que es símbolo africano de ocultación y anonimato. Su rostro oscurecido rezuma luz.

     Mira a su pueblo flagelado por 14 señores de la guerra que pisotean Centroáfrica y la Ley a su antojo y capricho. Mira a su rebaño crucificado, no a una cruz de basta madera, sino a una larga fila de agresiones en masa, de hambre reprimida, de violencias y abusos depravados, de gritos callados por la angustia y de lágrimas preñadas de esperanza. Mira la pobre gente de Centroáfrica que espera, como El, la resurrección después del Calvario. Mira como todavía en el 2020 se boicotean derechos fundamentales de la pobre gente, como en tiempos de antaño, por mercenarios extranjeros que ocupan el suelo de nuestro país.

     Nuestro crucificado está en una catedral, de San Pedro Claver de Bangassou,  y es testigo de muchas desdichas. Desde su pedestal de tortura, ha visto gente rezar, gente llorar, gente dormida en los bancos huyendo de la muerte, gente haciéndole compañía mientras temblaba de miedo, niños perdidos, niños huérfanos, niños heridos de vergüenza ajena, madres solteras, madres embarazadas violadas por chusma armada hasta los dientes, madres pidiendo por sus hijos en el frente, padres dolidos de desamor, padres pobres, padres macilentos por haber perdido todo por la violencia del fuego, usado como arma de guerra, padres esperanzados y madres que ponían su confianza en El, niñas de otras religiones que tenían todas las de perder, niñas henchidas de pobreza y debilidad, ancianos que no dirigen nada, a quien nadie les pide opinión, ancianas venidas a menos lastimadas por achaques y males crónicos…

     Desde su pedestal, el Cristo de Bangassou mira a todos los enfermos de coronavirus del mundo y los compadece. Les dice que pongan su confianza en El, que El lo puede todo, lo cura todo. El no se puede comparar con el de Medinaceli, o el del Gran Poder o con el Cachorro pero se compadece igual de los más de 10.000 niños que siguen muriendo cada día de hambre en el mundo porque les falta, no una vacuna, sino comida para vivir. Se compadece de tantas personas puestas en cuarentena, de barrios y ciudades en aislamiento. De campos de desplazados de 100.000 personas expulsados de sus ciudades a causa de la guerra, de la violencia de  mercenarios armados de sus kalasnikoffs que crean el terror en el este de Centroáfrica, justo donde empieza la diócesis de Bangassou y desde donde los puede ver y conmoverse. Porque Dios se conmueve con todos los dolores de la humanidad. Dios no es indiferente. Justo enfrente tiene a 2.000 musulmanes que han sido expulsados de sus barrios y rozaron la muerte antes de refugiarse en el seminario menor de Bangassou. Refugiados en el agujero negro de un campo de desplazados. Desde su pedestal debe de ver a esos hijos del Islam con los ojos paternales de Dios. Porque Dios sabe mirar con otra mirada, con ojos de compasión y de amor, porque el amor abre barreras mientras que el rechazo y la indiferencia las amarra con cepos y concertinas.

     El Cristo velado de Bangassou! Mirando tu rostro oculto, Cristo mío, descubro tus ojos abiertos, y descubro la distancia que nos separa. Pero esos ojos  están abiertos a todo sufrimiento humano. Es más, a veces me parece que cierras tus ojos para que yo abra los míos, que dejas de ver para que yo mire, que te cubres el rostro para que yo descubra el mío y me una a la vida de mi pueblo, que es el tuyo. Tu tapas tu misericordia para que yo descubra la mía. Cubres tu compasión para que yo la encuentre en los pobres de la Biblia, los anawin. Tu ocultas tu amor a los más pequeños para que yo manifieste el mío, lo multiplique y lo haga evangelio vivo. Tu escondes tu mirada para que, en la distancia, yo te preste la mía y me haga cómplice de tu misericordia infinita.

                                                                                  Mons Juan José Aguirre

                                                                      Obispo de Bangassou (Centroáfrica)

Carta de Navidad

Carta de Navidad

 

     Hace unos días mi querido tío Rafael me envió una historia de Navidad que tal vez muchos de vosotros ya conozcáis. Cuenta que en el 1917, durante la 1º guerra mundial, ingleses y alemanes luchaban en el frente occidental, despedazándose entre ellos como en todas las guerras. 

     Frío y metralla. Gases mortales, matar o morir. Pero la noche del 24 de diciembre, los alemanes empezaron a decorar su trinchera con símbolos navideños y cantaban “Noche de paz”. Al oírlos desde su trinchera, los ingleses entonaron otros y así fue pasando la noche, entre sueños y recuerdos, impregnándose todos con el espíritu de la Navidad. Tanta fue la emoción y tanto se cuajaron los sentimientos, que al amanecer, entre trinchera y trinchera, en tierra de nadie, algunos empezaron a intercambiarse regalos, latas o galletas del rancho, wiski o cigarrillos. Tanta fue la buena disposición que los mandos acordaron darse una tregua para recoger y enterrar los últimos caídos que yacían aún en tierra de nadie… Milagros de la Navidad, anhelos de paz, retazos de sentimientos pacificados.

     Bangassou 2019.

     Os cuento una historia parecida en un taller de aprendices de carpintería. Si miráis la foto, hay un grupo de jóvenes trabajando la madera. Es un proyecto de la diócesis de Bangassou para dar futuro a jóvenes carentes de él. Otros dos proyectos son para madres solteras que aprenden corte, costura y confección. Hace un mes lanzamos la voz, preparamos el taller, leímos en todas las iglesia las condiciones y este grupo de 20 jóvenes se apuntaron. Hoy son ya una piña. Hablando con ellos dieron mil gracias a la Fundación Bangassou que les ha comprado los instrumentos de carpintería necesarios para convertirse en aprendices. Al final ellos me darán los muebles fabricados para amueblar una nueva misión y se quedarán con todos los instrumentos de trabajo para formar cooperativas.

     Me interesa la otra cara de la moneda de la historia. Desde Europa no lo sabéis, no podéis saberlo. Pero en la foto están, para que lo entendáis, “ingleses y alemanes” juntos, lijando la madera para una mesa de comedor. No han hecho una tregua: han pasado página. Los que hace un año eran enemigos temibles, hoy están junto a sus víctimas, sin importar que unos tuvieran las manos manchadas de sangre por complicidad ni que los otros hayan cobijado un odio visceral hacia ellos durante muchos meses. Las sierras y las lijas de madera han ocupado el sitio de los machetes y los kalashnikovs. Trincheras y zonas neutras se han volatilizado y pasan cada día de 8 a 10 horas juntos en el taller. Todo allí respira paz y trabajo. No hace el frío que en aquellas estepas congeladas de Flandes, pero hay el mismo calor de hogar en los corazones de unos y otros. Aquí, cerca de la Navidad hace un calor agobiante. Todos estos jóvenes saben que éste o el otro quemó la casa del otro, que su grupo mató y desangró los habitantes del pueblo vecino. Saben que algunos de ellos tuvieron que huir de aquel a quien hoy sujeta la madera para juntar las tablas con cola. Que se robaron entre ellos, que crearon el terror durante muchos meses en la zona, que cortaron caminos y machacaron a la pobre gente que hoy les ha ayudado a poner paja en el techo del taller. Como la navidad en Flandes en aquel 1917, es el proyecto de la carpintería quien les ha juntado, los ha amasado entre madera roja y miedo entumecido. No se cambian cigarrillos sino el martillo y los clavos, no beben wiski juntos sino que beben las palabras del maestro carpintero, obrero de la carpintería de Bangassou, que les enseña a ensamblar un armario, a lijar las diferencias de la madera, o a hilar fino con la escuadra para que la cuadratura sea perfecta.  

     Algunos han perdido seres queridos en la contienda. Otros acompañaban como tropa a un grupo de matones que descuartizaron a tres soldados  Camboyanos de la Minusca (las fuerzas de la ONU) en 2017. La Minusca me pidió ir a buscarlos y los encontré despedazados, una escena horrible. Los responsables están en Bangui, en la cárcel. Pero la tropa pequeña, los que estaban allí para hacer número, los cómplices de los matones, fue fuertemente traumatizada… Llevaban dos años dando vueltas como trompos hasta que el proyecto aprendices de carpintería los enganchó: cambiaron los machetes por escuadras, limas y tornillos. Esto ha hecho que sus propias familias se hayan también reconciliado con ellos. Sabiéndolos encubridores de asesinatos, fueron repudiados. Este proyecto de carpintería ha abierto la vía de la reconciliación y los excluidos son reintegrados. Navidad y carpintería. Trincheras y madera roja. Todo sea para que todos podamos cantar un Noche de paz como Dios manda, haciendo posible lo que humanamente parecía imposible.

¡¡¡¡Feliz Navidad a todos!!!!                   

                                                                                 + Juanjo José Aguirre, 

                                                                                 Obispo de Bangassou

 

 

Centroáfrica, pan y paz

     Oigo en la radio que el número de pobres en el mundo ha aumentado a 820 millones, más de 250 sólo en el continente africano. En Bangassou están llegando niños con el pelo seco como la estopa, las mejillas caídas y un poco de encefalopatía. Eso es que está gravemente desnutrido.  Enfermedad de Kwashiorkor. Huyen de la guerra. Centroáfrica está en el vagón de cola de la pobreza y niños como éste llegan cada día a la maternidad a por leche Hero que nos mandan desde Córdoba. Alguien de la Fao, con un cochazo impresionante y un salario no menos alucinante, vino a Bangassou en febrero a decirnos que las cosas irían a peor. Para nosotros es como hacer un agujero en el agua! Más guerra e inseguridad, más hambre. Creo que la pobreza, el islam radical y el calentamiento global son los mayores problemas que tiene nuestro planeta hoy, son la espada de Damocles sobre nuestras cabezas en un próximo futuro. Hemos distribuido garbanzos y pasta de León, máquinas de coser, medicinas y materiales varios que non llegaron hace un año en un contenedor. Todo se quedó bloqueado en Bangui a causa de la guerra. Lo hemos traído con camiones, poco a poco, pagando barreras y soportando robos y raterías. Para los desnutridos un potaje de garbanzos del Bierzo y arroz largo con champiñones sabe a gloria.

     Mientras, Centroáfrica se llena de extranjeros atroces que llevan y trafican con armas, que matan antes de preguntar (mercenarios), o de extranjeros que extraen minerales y contaminan los ríos (empresas multinacionales chinas, rusas, etc.), y otros que trabajan en ongs humanitarias o en organismos de la ONU (son miles, con miles de Toyotas Prado recorriendo toda la geografía del país). Sin embargo la gente sencilla sigue nadando contracorriente, luchando contra la pobreza en estado puro, pagando los platos rotos que ellos no han destrozado. Todos nuestros problemas los empezaron un grupo de fanáticos musulmanes llamados los Seleka que nos destrozaron la vida hace 4 años, cayendo desde arriba como desde un paracaídas, la mayoría extranjeros que pusieron el país patas arriba. 

     Los sacerdotes de la diócesis de Bangassou y la mitad de las monjas seguimos aquí, al pie del cañón. Algunos enfrente del seminario ocupado por 1500 musulmanes moderados, que nos lo están destrozando. Sabíamos que iba a ser así y qué precio habríamos de pagar por acogerlos con amor en aquellos horribles días en donde la muerte rondaba sus cabezas. Otros sacerdotes, de dos en dos, en el este de la diócesis (Zemio, Mboki y Obo), viven en zona de alto riesgo rodeados de mercenarios sin escrúpulos, cortadores de cabezas, que solo buscan sacar dinero abusando de la población inerte. Su sed de riqueza es inagotable. En lo que va de año, 47 personas han sido asesinadas en Obo o en sus alrededores y en Bangui se hacen oídos sordos. La semana pasada en Zemio un comerciante se negó a dar a una patrulla de Nigerianos (del Níger) una suma alrededor de 350 euros, lo molieron a palos a sabiendas que los soldados de la Minusca (Naciones Unidas) estaban un poco más arriba. Su cuerpo lo encontraron al día siguiente con 6 balas en el cuerpo, como 6 fogonazos de impunidad en un país donde se gastan decenas de miles de euros en salarios de profesionales de la ONU que dicen estar luchando contra los abusos de los derechos humanos. La mayoría cobra sin hacer ni el huevo. Toda la población de Mboki vive en una cárcel a cielo abierto sin que a nadie le preocupe lo más mínimo. Mientras, los misioneros, los curas y las monjas luchamos para que la gente no se desespere en las comunidades, rezamos juntos, tenemos abiertas las escuelas, pintamos de azul lo que parece negro, esperamos en un futuro sin señores de la guerra, sin mercenarios asesinos, sin miedos a la hora de ir a las plantaciones, con escuelas abiertas y mercado libre. Doble ración de esperanza a la cruda realidad.

     En Bangui, la capital, miles de profesionales de ongs y militares ONU dicen que todo va mejor después de que el gobierno firmó acuerdos de paz el mes de febrero 2019 con 14 señores de la guerra en Jartum (Sudán). Los soldados de la ONU han tenido sus aciertos en seguridad pero han naufragado en materia social, aunque estén ya distribuidos por todo el país, porque viven como tortugas dentro de su propio caparazón. La gente les tiene mucha antipatía. De los “humanitarios”, casi ninguno sabe lo que pasa en el este del país (sus coches tienen prohibido pasar del km 12), son pocos los que se han pateado un campo de refugiados, lonas grises con olor de letrina y hambre atrasada, los que han tocado en mano el sufrimiento de 600.000 desplazados fuera de sus hogares, el llanto de los niños o de la brutalidad de los que deberían protegerlos. En Bangui hay un hotel de 5 estrellas, construido por Gadafi cuando esperaba vivir muchos años más y que Centroáfrica construyera una inmensa mezquita en el centro de la ciudad. El hotel surgió pero la mezquita naufragó. Ahora este hotel es el hogar casi permanente de cientos de humanitarios (de directores adjuntos para arriba), que llenan su piscina a partir del mediodía, que van de vacaciones cada dos meses (en sus contratos pone que para “desestresar”) y reciben salarios inimaginables en Centroáfrica, más primas de riesgo, de lejanía, de “per diem”, de aire acondicionado o de 20 gaitas más… El foso que existe entre ellos y la gente del pueblo es abrumador. El gobierno casi no existe y todo el poder está en manos de la ONU, de países como Rusia, la China, EEUU, la unión africana, el real consulado de Lituania o qué se yo! 

     Cientos de ongs ganan suculentos mercados provenientes de países donadores (Suecia, Noruega, Canadá o Australia entre otros), pero la ayuda llega a la gente de forma fragmentada y desigual, y fuertemente disminuida por la propia logística interna. Casi ninguna ONG que ha ganado el mercado distribuye nada. Subcontrata a otras ongs más pequeñas para el trabajo tierra-tierra y lo hacen por dinero, con total falta de empatía por la gente. Miro a los niños del orfanato de Bangassou, al bebé de dos meses que nos acaban de traer y me pregunto cómo están ellos viviendo esta guerra, que en Bangui dicen que ya no lo es. Esas criaturas quieren comer cada día y lo seguiremos haciendo aunque en Bangui hayan aceptado la imposición de meter con sacacorchos a 4 de los señores de la guerra, criminales todos, no centroafricanos, para hacer parte del gobierno actual y cobrar por ello. Creo que es el único país en el mundo donde 4 extranjeros forman parte del gobierno. Los niños de los 4 campos de desplazados que hay en Bangassou, los ancianos de la casa de la Esperanza, que ahora están “entre algodones” con una cooperante cordobesa que los cuida desde hace dos meses, o las madres sin trabajo que vienen a la costura con sus niños colgando del pecho, ya no quieren saber si el ministro es chadiano o de la región vecina. Ellos quieren pan y paz. Y esto, ni los soldados de la ONU, ni las ongs ni los organismos internacionales llegan a dárselo, o les llega gota a gota. Cómo saldremos de ésta? Porque salir, saldremos!. Los extranjeros solo miran y se enriquecen. Muchos saben que hay que prolongar este “status quo” porqué sin hacer casi nada, les trae más pasta gansa a sus bolsillos. A algunos no les interesa que termine este conflicto. Un batallón de pakistaníes llegados hace un año para arreglar carreteras con todas las máquinas necesarias a su servicio, se acaba de volver a su casa sin haber hecho casi nada, por miedo a salir del campamento. Salarios y primas, pasta gansa y faroles a la mar… es impresentable! 

     Hace una semana sacaron un niño Peulh de 3 años de un pozo. Muerto! Los Peulh son itinerantes sectarios musulmanes, perseguidos por todos. Será difícil que, armados hasta los dientes como se mueven, sigan pasando fronteras en su continua rueda la rueda de la itinerancia. Unos pocos han encontrado refugio en el seminario de Bangassou, santuario de la colonia de musulmanes de Bangassou desde hace más de dos años. Considerados parias por los otros musulmanes, no rezan juntos, no comen juntos, están al margen. Aunque tienen una cultura propia y están enormemente acostumbrados a tribulaciones, matanzas y a defenderse para sobrevivir, su existencia es cada vez más precaria en Centroáfrica. En el este de la diócesis de Bangassou, a donde se están desplazando con la ayuda de señores de la guerra del Malí y el Níger, pueden ser ya de 10 a 15.000 personas, sobre todo mujeres y niños, en una población regional de unas 30.000 personas. Los hay que hablan el sango, lengua nacional de Centroáfrica, los hay que vienen del extranjero, del Níger, del Sudan o del Chad. De la etnia Fullani que tanto revuelo causa al norte del Sahel.

     El niño Peulh desaparecido unos días antes, ha aparecido en un pozo, no lejos del seminario, decapitado e emasculado. Alguien quería demostrar que el seminario no es un lugar seguro y se ensañaron con el niño, lo trituraron con saña y lo convirtieron en chivo expiatorio. Los padres no dijeron nada, ni respiraron por no molestar y la memoria de este crío de 3 años pasó sin pena ni gloria por este mundo apenas destetado por su madre, como hacen ellos. Las cosas van mal, pero no se puede decir para que la ONU no se moleste. Eso, pintar de azul, lo que es más negro que el carbón. 

                                  Mons. Juan José Aguirre, Bangassou

                                                    15 julio 2019

ÚLTIMAS NOTICIAS DE JUANJO DESDE BANGASSOU

     Han llegado 3.000 mercenarios a Bakouma, reclutados en Chad y Sudán. Bakouma está a 140 km de Bangassou. Muy bien armados. Coches nuevos, armas de guerra, logística. Hasta los trajes y las botas son nuevas.

     ¿Quién los ha armado y traído? Han saqueado la misión católica la noche del 31 diciembre. Han obligado a la población a exiliarse. Antes han matado al imán de la ciudad.

     El párroco  ha huido y salvado la vida por minutos. Miles de personas en la selva, huyendo. Cada día hemos ido desde Bangassou para recoger familias y personas. Seguimos hoy.

     Los  niños no acompañados, van al orfanato. El negociador venido de la Minusca les ha dado tres días para retirarse de Bakouma. Si no quieren, no sabemos qué pasará.

     El jefe de los mercenarios está a 800 km y los negociadores hablaron con el jefe por teléfono satelitar. Quieren dividir Centroáfrica en dos para que los musulmanes del África central se concentren en el nuevo país.

     Algunos países extranjeros están apoyando con armas y logística esta posible situación.

     Mientras, el ejército centroafricano sigue sin armas porque continúa el embargo de armas sobre Centroáfrica desde hace 5 años. Esperemos los días siguientes...

     Es una crisis humanitaria que debe de ser conocida.

    Nuestro camión Iveco, lleno a rebosar, no para de dar viajes desde el día 1 de Enero trayendo gente a Bangassou para ponerla a salvo.

 

JUAN JOSÉ AGUIRRE

 

FELICITACIÓN DE AÑO NUEVO DE JUANJO

     "Los 35 huérfanos de Mamá Tongolo en Bangassou os desean de corazón,  feliz año nuevo.

     Son nuevos de muchos sitios. Hijos de la guerra.

     Familias destruidas, madres muertas y padres huidos, o madres que pierden la cabeza. Todos han visto cosas que no deberían ver.

     Sor Yolanda ha ido seleccionándolos. Los mayores de otros años están en familias de acogida.

     Anteayer llegó uno nuevo. Parecía tener 14-15 años. Luego supimos que tiene 20. Pero se mueve y respira como si tuviera 14.

     Hay un bebé de meses a cuya madre mataron los antibalakas en Wango. 

     Ese día comieron hasta hartarse. El 25 de Diciembre. Yo estaba en una capilla y llegué a las 17'00h.

     ¡¡¡¡Pero no os preocupéis, todos miran al futuro y al 2.019 con mucha esperanza!!!!

 

JUAN JOSÉ AGUIRRE

 

LA VIRGEN DE NAVIDAD

     Tengo una estampita  de Navidad en mi breviario. Es muy especial. La virgen María está mirando al niño en la cuna. San José a su lado como protegiéndolos y escuchando el canto de los miles de ángeles que vienen del cielo para loar el milagro de la Encarnación. Lo especial llega después. Porque de pronto el rostro de María se baña en lágrimas. Densas lágrimas como copos cuajados en la noche de Belén. Llora porque intuye ya, desde ahora, que ese niño entre pañales un día estará en una cruz. Porque se trata del mismo misterio. El de la vida en Belén y el de la muerte del Salvador en el Calvario son dos caras de una misma moneda. Por eso las lágrimas salen de sus ojos y bañan sus mejillas.

     Me recuerda a una Virgen en Córdoba con cinco lágrimas en las mejillas. Yo la llamo la Virgen de las cinco lágrimas, pero se llama con un nombre que habla de Quinta Angustia. He pensado siempre que llora con CINCO lágrimas porque tiene cinco razones. Me quedo recordando esas CINCO lágrimas como cinco gotas de lluvia.

     Una primera lágrima viene a Centroáfrica y puede llamarse Ismail. Su madre se enfermó después del parto y murió a los pocos días. A Ismail lo trajeron a Bangassou en una bicicleta por una ruta plagada de mercenarios, envuelto en trapos. Lo acogimos en el orfanato “Mama Tongolo” de Bangassou que sostiene la Fundación Bangassou de Córdoba porque quién acoge a un niño, acoge al mismo Dios. Niño huérfano de padres y de futuro. Como el de Belén, niño sin cuna, niños con cruz.

     Ahora el tiene dos años y también está enfermo. Ayer lo vi en el hospital con una sonda nasogástrica en estado comatoso. Una camita tierna  ha sustituido el pesebre, pero nadie ha podido sustituir su cruz. Ojalá que llegue a la misa de Navidad, que es aquí el símbolo más visible de las fiestas. Por eso su madre llora.

     La segunda lágrima podría ser por todos los Herodes que merodean las selvas africanas matando gente. Es necesario poner a nuestras Navidades un poco de suelo, de estar tierra con tierra, poner doble ración de realidad porque la mitad de nuestro planeta no tendrá Navidad. Esos Herodes aguerridos, crueles, que pegan fuego a una choza sin pensar en la familia que está dentro y que va a acabar calcinada, esos que campan a sus anchas en vez de estar ya en TPI, esos Herodes sin consciencia pagados por países llamados civilizados para sembrar el terror, son los que han atacado hace unos días el campo de 26.000 desplazados de Alindao, a 200 km de Bangassou. Ali Darass se llama uno de ellos. Es del Níger y siembra la muerte en Centroáfrica. Por eso la madre llora.

     Una tercera lágrima va a ser de alegría. Ha visto como niños musulmanes y no musulmanes van por miles a las escuelas católicas, saltando protocolos de seguridad, jugando con el peligro e inventando razones para estar juntos. Niños que desafían la gravedad de sus adultos, niños que miran la vida con otros ojos, niños vestidos de uniforme azul que siguen riendo incluso cuando un grupo de gente armada haciendo patrullas les pasa a unos metros. Ni les miran pues ellos están a lo que están. Se sientan en la misma banca y aprenden a leer juntos. Es un desafío a riesgo, una osadía de niños que quieren la paz. Niños y niñas, musulmanes y no musulmanes en una misma amalgama de futuro. Niños de padres verdugos que juegan junto a niños de padres víctimas, incluso de padres asesinados. Nos enseñan el lado bueno de las cosas. Muestran sus blancos dientes cuando le pides una foto porque están contentos. La escuela es el futuro. Por eso la madre llora, esta vez de alegría.

     Hay una cuarta lágrima que corre por sus mejillas, la más larga hasta la comisura de sus labios. Se trata de los 650.000 centroafricanos/as que han tenido que huir de sus hogares, como ellos mismos, María y José tuvieron que huir de la furia de Herodes y sus esbirros para escapar de una muerte segura. En Egipto encontraron refugio. Aquí en Bangassou tenemos 6 campos de desplazados, de gente que ha perdido todo y a los que les queda solamente la vida, que no es poco. Pero la vida sin dignidad es más dura, sin pan se hace penosa, sin salud la moral se hunde y sin esperanza las ganas de vivir se diluyen. Al lado de Bangassou hay 9.000 no musulmanes que han huído de Nzacko donde había una misión floreciente, ahora completamente destruída. En nuestro Seminario menor, junto a nuestra catedral tenemos acogidos a 2000 musulmanes salvados de milagro de una muerte por bala o degollamiento. La vida de los desplazados, huidos o echados de sus tierras es abrumadora. En el continente son millones. Los que quieren llegar a Europa son el 1% del total. El resto lo tienen muy crudo. Por eso la madre llora.

     La quinta lágrima es la lágrima que sale de sus ojos en todas las guerras. Como Dios, también la Virgen llora en las guerras. Pero también lloran cuando se acaban y llega la paz, cuando la gente vuelve a pasear tranquila, vuelve a los campos y al mercado, vuelven a contarse chismes junto al brocal del pozo sin miedo a agresiones y violencias. Esta Virgen de Navidad llena de promesas de Paz es la que os deseo a todos los que formais parte de la Fundación Bangassou y colaboráis con ella. Que en 2019, aunque sigan fluyendo sus CINCO lágrimas, oasis de paz, lleguen a Centroáfrica y a Bangassou y nos abran las puertas de un futuro mejor.

                Mons. Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou.

                    Bangassou 29 noviembre 2018

 

Zemio: 60 años de historia

     Fue una de las primeras misiones de la diócesis de Bangassou, allá por los años 50. Fue próspera hasta hace 5 años con la llegada de milicianos musulmanes radicales y jóvenes “libertadores” mal armados y mal encarados que convirtieron Zemio en un baño de sangre. Teníamos una escuela para 2.100 alumnos, un rebaño de vacas, un proyecto de la Iglesia americana para la ganadería y la agricultura que nos daba al mismo tiempo luz  e internet todo el día. La casa de las monjas era una joyita, no sólo se ocupaban de la escuela, sino que tenían proyectos de corte y costura, llevaban la Caritas parroquial donde atendían cientos de ancianos, enfermos de Sida y personas rotas por la dureza de la vida, llevaban las catequesis, ponían películas en la Iglesia por las noches, hacían pan para el barrio y estaban muy cerca de los dos curas de la parroquia…

     Con la llegada de los violentos, un plan urdido el 2013 desde fuera de Centroáfrica para hacer de él un país ingobernable, o dividirlo en dos, crear el caos y enfrentar musulmanes y no musulmanes para poder robar de aquí los minerales, ganado, petróleo y toda la riqueza…, el encanto de la misión se rompió. 25.000 habitantes de Zemio huyeron al Congo mientras los violentos de un lado y de otro quemaban sus casas, sus graneros, sus sueños. Los musulmanes de Zemio, muertos de miedo, se armaron hasta los dientes y con este gesto el resto de la población huyó a la misión. Pasaron penurias y vejaciones durmiendo en la veranda, extendiendo sus coloridos paños en el suelo mientras veían a lo lejos sus casas arder. Robaron sus cosechas y la escuela cerró. Quemaron el hospital y quedaron a expensas de las pocas medicinas que aún quedaban en casa de los padres hasta que también éstas se acabaron. La escuela cerró. La casa de las monjas fue saqueada y ellas volvieron, impotentes al Perú. Zemio se convirtió en una ciudad fantasma. Los dos grupos armados eran peligrosos como víboras. Por cualquier cosa saltaban chispas en forma de tiros y la población civil pagaba los platos rotos. Dos víboras en la misma casa, es para estar siempre atentos, sobre todo durante la noche. Extenuados y en estado de shock, delgados como palillos, sacamos a los padres de Zemio y los llevamos a la capital para un curso para destraumatizar. Habían enterrado decenas de cadáveres en fosas comunes y dormido en medio de una multitud aterrorizada durante meses. Dijeron a la gente de huir al Congo y la misión quedó vacía, silenciosa, acosada por los bandidos que se servían a sus anchas.

     En el mes de diciembre 2017 les pregunté si se sentían con ánimos de volver, de celebrar la Navidad allí, de volver a juntar a la gente aunque las dos víboras siguiesen trajinando por la casa e inventando maldades. Aceptaron. Les ayudaron a empezar y ellos juntaron a los que quisieron volver del Congo para vivir cerca de la misión porque el barrio católico, largo 4 kilómetros estaba completamente quemado. Empezaron la escuela y llamaron a niños musulmanes y no musulmanes para que convivieran juntos en la escuela. Era el principio de la cohesión social. Lograron que los niños musulmanes dejaran sus cuchillos en casa y que los profesores empezaran sus clases distendidos y animosos. Luego un proyecto alemán (ACN) les pagó las pajas del techo de las casas y aquellos que han querido volver, reciben la paja gratis si se construyen ellos mismos la casa.

     Estoy visitando Zemio. La gente me ha recibido con mucha alegría y durante 10 días he rezado y hablado con todos los grupos parroquiales, autoridades, imanes y militares. Se duerme bien con tanto calor humano pero hay ruido de sables y la gente mira de reojo a su espalda por si acaso. Con esa tensión, se va viviendo, pero es un vivir sin vivir, la esperanza puesta solamente en Aquel que nos sostiene. 

Mons. Juan José Aguirre

Obispo de Bangassou

 

 

 

DE BELÉN A BANGASSOU

Diciembre 2017

 

     Feliz Navidad a todos los que, de alguna manera, tienen relación con la Fundación Bangassou. Feliz Año nuevo 2018 para todos!!!

     Sin ánimo de ofender o de desanimar, en estas líneas quiero hacer una símil entre Belén y Bangassou. En Belén no había paz cuando llegó Navidad. Por mucho que digan nuestros bellísimos villancicos, las huestes del Imperio romano tenían bien encadenada la región, dictaban leyes inmorales, agredían a quienes querían, robaban y mataban en la más completa impunidad. Pero no obstante todo, Dios eligió esa pequeña ciudad de Palestina para que naciera su Hijo. El Alpha y Omega, el centro del cosmos y de la historia nació en una Palestina ocupada.  María y José y el niño en la cuna, eterno misterio y don  sin igual de la Encarnación.

     Igual que Belén, Bangassou vive hoy  pisoteada por los rebeldes de la LRA y por los Selekas venidos del Chad y del Sudán. Casi toda la diócesis está también ocupada. Al igual que aquellos romanos, éstos agreden, matan, queman poblados enteros y se ufanan de ello, en la más completa impunidad. Además, la mitad de la diócesis está maniatada por los antibalakas, jóvenes locos y chapuceros que dicen luchar contra el yugo Seleka y, por extensión contra todos los musulmanes de toda la diócesis, que son decenas de miles. Bangassou es una ciudad en zona de alto riesgo. El Rey Herodes se postraba delante del Emperador romano. De igual manera, nuestro Presidente parece postrarse delante de poderes económicos que a golpe de talonario y violencia gratuita quieren conquistar África.

     No obstante todo, Jesús nacerá en Bangassou, un mar de fieles a las 4 de la tarde del 24 de diciembre entrará en la Catedral, olor de pólvora en la nariz y la vista puesta en el gran portal de Belén que ocupará una parte del altar. Allí estará el misterio en un establo de paja y barro, María y José solos, rodeados de estrellas. El nuevo Obispo Auxiliar de Bangassou y yo mismo adoraremos el misterio.

     Belén rebullía de soldados armados de espadas y lanzas y también en medio de ellos nació Jesús. Bangassou, sin embargo, es una ciudad roja de polvo, ocupada hoy por antibalakas rebeldes armados de kalasnikoff y machetes. María y Jesús estaban solos, porque no había sitio para ellos en la posada. Nosotros seremos multitud y celebraremos la Navidad enfrente de 1400  musulmanes, 600 familias, expulsados de sus casas y comercios en el mismo Bangassou, que viven en nuestro seminario de San Luis entre miedo y rebeldía, mirando de protegerse siempre de los antibalakas homicidas. También para ellos vendrá la Navidad. Navidad en tiempos de ocupación y de exilio. Bastantes de entre ellos (más bien ellas), vendrán a la misa discretamente. Muchas mujeres que habían sido cristianas antes de ser concubinas de un musulmán.

     La Sagrada Familia tuvo que huir de los mercenarios romanos al igual que decenas de miles de la pobre gente de mi pueblo de la diócesis de Bangassou ha tenido que huir, la casa quemada y las manos vacías a causa de la violencia ciega de los desalmados, se llamen como se llamen. Huir de prisa, huir sin nada, el aliento enfermo y la certeza de haber perdido todo cuanto tenían en este mundo. Intento meterme en la horma de esos zapatos, y aprieta mucho. Solo la fe les permite andar aún. Inocentes perseguidos, sus verdugos, en la impunidad.

     A Belén y sus alrededores llegará también la matanza de los inocentes y esas muertes de niños quedaron también en la impunidad.  Aquellos llantos de los que habla el profeta en Rama, eran de madres a quienes soldados romanos habían degollado a sus hijos. Llantos de madres cerca de la gruta de Belén. Parece increíble que Dios haya querido poner su tienda justo allí, en aquella tierra de impunidad y sangre, en esa Palestina aún hoy ocupada y violenta. Jesús bebé en la cuna, Jesús desde entonces ya crucificado por el poder que la ocupaba. Aquí miles de niños mueren o están muriendo a causa de las balas perdidas, el paludismo no curado o la inseguridad alimentaria. Y nadie pagará por ello. Los culpables quedarán impunes, incluso si las madres no dejan de llorar por ello. Un seminarista de Bangassou recibió una bala perdida y tiene un costurón de 15 centímetros en el vientre y el soldado marroquí que disparó la bala culpable vive entre nosotros en la más completa impunidad. La impunidad de Belén es la misma que la de Bangassou. Cuando miréis el Belén, con sus luces chispeantes, el misterio silencioso y los pastores llegando y cantando, sabed que en esta tierra también cantaremos  el Gloria in excelsis Deo, con ritmo africano, pero con la misma fe. Porque fue la fe la que hizo que la Sagrada Familia fuera fuerte como una columna de bronce. Y es la fe, la de la población cristiana de Bangassou la que rebulle en nuestro corazón diciendo “saldremos de esta”. Durante toda su vida Jesús vivió y murió en territorio ocupado. También nosotros saldremos, con aldabonazos, pero saldremos. Feliz Navidad!!!!

                                    +Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou

DESDE BANGASSOU: FELIZ NAVIDAD

20 diciembre 2016

     En el despacho del colegio, preparando ya unas navidades calurosas típicamente africanas, veo el mapa mundi que la hermana Ana tiene en su mesa. Pienso que basta con pasar un dedo sobre él y darle comba para comprender que las navidades serán diferentes en muchos rincones del mundo, que las bombillas de colores que vemos desde la tele alumbrándose en  Washington, el Taiwán o en Sao Paolo no existirán en miles de zonas del globo entre otras cosas porque allí no hay ni bombillas, ni electricidad, ni tele. Paso mis dedos sobre cordilleras y mares y pienso que muchas de las navidades de países con mucha renta per capita, serán navidades de fiesta y pandereta pero, al mismo tiempo, impregnadas de miopías porque ignorantes de que  en tantos pequeños sitios del globo están con el agua al cuello, hundidos en el fango o en fase terminal.

     Paso mis yemas por  las aguas del Mar Mediterráneo, y pienso en aquellos a los que les toque estar pasando sus negruras en la noche del 24. Navidades negras. Ahora que nuestro Mar se ha convertido en cementerio para más de 5.000 personas, sus aguas ya no son tan azules, sus olas traen presagios de tristeza y la sal de su vientre se ha vuelto sosa. La muerte acecha allí cada día. Como dice la canción de Dylan: "¿cuántas muertes habrán aún de llegar antes de darnos cuenta de que han sido demasiadas?" Millares de refugiados ponen sus ganas de una vida mejor arracimados en pateras de fortuna. Pero esta esperanza se escapa como la sal mojada entre los dedos porque nuestro mar continúa a coleccionar muertos en sus entrañas. Así cada día, desde hace muchos. Sea Navidad o no. Navidades saladas de muerte por mucho que cante Serrat su preciosa canción. Propongo que en cada hogar se deje un espacio vacío en recuerdo de tanta pobre gente, que ha perdido  la vida tan cerca de nuestras playas y tan lejos de nuestros corazones. Navidades gélidas para los que consiguieron  llegar a las playas o fueron rescatados en alta mar, y a los pocos meses se les devuelve (¿en caliente?, ¿en frío? ¿en templado?, ¡vaya eufemismo!) a sus países de origen. Haber vencido a la brutal y onerosa travesía no les ha servido de nada. ¡¡Sus sueños rotos en mil pedazos!! ¿Cuántos oídos más deben tener en Estrasburgo para poder escuchar el grito de los pobres?

     Mi dedo se aleja hacia el Líbano y luego  Siria, Alepo, ¿qué navidades van a vivir allí? Los hermanos maristas tenían un orfanato en el barrio ocupado por la guerrilla. Navidades heroicas. Los hombres de la Cruz blanca (musulmanes) no dan abasto con sus ambulancias para sacar gente de entre los escombros, niños desfigurados, familias desmembradas... Hay escuelas que se han hundido sobre los alumnos machacándolos a todos. Navidades de polvo en Alepo. De funerales infantiles. De caminos áridos para aquellos que dejan Siria, de espanto intravenoso para los que emigran por el desierto, buscando asilo en Turquía, huyendo de los criminales del Daes. Esos que invocan el nombre de Allah en vano, un Dios que no es cómo ellos nos lo quieren hacer ver. Esos que ponen a Dios como pantalla de sus crímenes. Navidades de idolatría.

     Bajo mi dedo, descabalgo el mágico desierto de Argelia (navidades de arena), de Tamanrasset lleno a reventar hasta ayer de gente apresada en ciudades argelinas y devueltas "manu militari" en autobuses a la linde del desierto para que se pudran allí: navidades sin alma, navidades de vergüenza ajena. Dejo la Argelia del hermanito Carlos de Foucault (¡un siglo de su martirio!) y pongo la yema  (y me quemo) en el norte de Nigeria sobre los miles de personas sometidas por el Boko Haram, niñas raptadas, pueblos carbonizados por el horror. El Boko Haram nació hacia 2002 en una etnia del norte de Nigeria, los Kanuri, en aquellas fechas "indignados" por la pobreza en que los tenía sometidos el gobierno su país. El predicador Mohamed Yussuf caldeó tanto el ambiente que sus huestes son lo que son hoy: criminales sin escrúpulos. Busco con la mirada la ciudad de Djakana, 40% cristiana no obstante los kamikaces, los secuestros, las brutalidades de los radicales. Allí, durante la cuaresma de febrero pasado, la gente estaba rezando el Viacrucis, cuando en la 7ª estación ("Jesús cae por segunda vez"), una niña kamikaze drogada se hizo estallar en el mercado. La séptima estación los salvó esta vez y hoy vivirán una navidad de milagro, nunca mejor dicho.

     En Centroáfrica serán navidades calientes. Grupos rebeldes musulmanes se baten entre ellos desde hace semanas. Guerra por el poder, por el control de la guerrilla. Con el "Incha Alláh" en la boca, nada más se acercan los unos a los otros saltan chispas. Navidades tensas, cargadas de miedo y de violencia, de obuses y de metralla, que traen su aliento fétido hasta las puertas de Bangassou. Los rebeldes están a 70 kms de nosotros. Miles de civiles han llegado a la misión de Nzacko (tengo allí dos curas) huyendo de la quema en el norte de Bambari. Hace 20 días los Ngoula y Runga (etnias musulmanas del norte de Centroáfrica armadas por el gobierno del Chad, ahora radicalizadas, también ellos antiguos "indignados"), atacaron a otros musulmanes radicales en Bria, mataron a un centenar de hombres y a su comandante, al que cortaron la cabeza colocándola sobre una pica a la entrada del mercado. Selekas contra Selekas. Parece como si el nuevo presidente de Centroáfrica lo fuera solamente de la capital Bangui. En el resto, los señores de la guerra se  dividen el país a su antojo, oprimen y roban en los 500 kms de la pista de selva que lleva hasta Bangassou, 500 kms de electricidad comprimida como en la punta de esas pistolas eléctricas de los vigilantes profesionales; justamente la pista por donde tendrán que atravesar, dentro de unos meses,  dos contenedores preparados desde Córdoba, con tanto cariño, con leche en polvo, neumáticos, comida, placas solares, ropa y calzado para los huérfanos y mil cosas más. Hasta que lleguen, serán unas navidades muy inquietas cuya sombra se alargará hasta bien entrado 2017.

     Vuelvo con mi dedo a Europa. Navidades sísmicas en el centro de Italia, allí donde las fuerzas de la tierra parece que se han enfurruñado con las obras de arte, las Iglesias y todas las construcciones. Navidades pasadas por agua por las inundaciones en Andalucía, navidades de lluvia, "porque el tiempo está loco", en Centroamérica y en muchas zonas del planeta, navidades de terremoto en Haití o en Japón, de dolor (o contento) en Cuba, navidades solitarias en tantas habitaciones de la tercera edad, navidades serenas y alegres en tantas familias de bien unidas cada año por la quieta alegría de juntarse otra vez. Navidades de pavo con patatas, mazapán y champán español.

     Navidades cainitas en el Sud Sudán (hay 10.000 sudaneses huyendo de la guerra en mi diócesis), o en Yemen donde el 4 de marzo pasado, milicias chiitas radicales asesinaron a 4 misioneras de la Caridad. Navidades tristes en casa de la misionera catalana Isabel Solá, asesinada también ella en Haití el pasado 2 de septiembre. Navidades de gozo y esperanza en los millones de "buena gente" repartida por el mundo.

     En muchas capillas de selva, en decenas de países de África y también en miles de pueblos de selva en Perú, Colombia o Ecuador, sin luz ni contaminación, serán navidades de oración, de estupor, (en África no hay "comida" de Navidad ni botellón posterior). De ingenuo asombro al descubrir que "Dios salva" (Jesús) muestra su rostro no como un tiburón de las finanzas o un vencedor de guerras sino como un niño frágil, con sed de teta, en las manos de María y bajo la protección de José. Los cristianos cantarán para el Príncipe de la Paz el "Gloria in excelsis Deo" a su manera y caerán rendidos de puro cantar. Muchos niños, dormidos como lirones, liados a la espalda de sus madres,  soñarán mientras ellas danzan la navidad rebullidas de gozo y se preparan a comulgar, la que será la mejor y única cena de esa noche santa. Navidades cálidas en la noche africana... Las mías serán en una de estas capillas, un pueblecito cerca de Bangassou, una punta de alfiler en el mapa, rodeado de cultivadores de cacahuetes, un cielo cuajado de estrellas y algún que otro ex rebelde, ahora desarmado; todos rezando y de vez en cuando mirando de reojo al bosque de sabana arboleada en donde pueden aparecer de pronto gente armada, gente mala y sin escrúpulos, asesinos huérfanos de navidades.

     Levanto la vista del mapa mundi y veo que la hermana Ana, la intendente,  lleva un rato intentando darme unos papeles. Me ha pillado fuera de juego. Yo llevaba un rato "alejado" de su despacho. Estaba navegando por el mapa y por las nubes. Recorriendo el mundo desde las alturas. Descubriendo navidades, musitando a todos Feliz Navidad y feliz Año Nuevo.

                                                                             Bangassou 20 de Diciembre 2016

                                                                                   Juan José Aguirre Muñoz

                                                                                      Obispo de Bangassou

NO HAY CRUZ SIN CRISTO

Marzo 2016

(Reflexión de Semana Santa)

     Una cruz vacía es una cruz imperfecta. Las prefiero con Cristo como la imagen del Cristo de los estudiantes el viernes de pasión por las calles de Córdoba. Creo que una cruz vacía es como un vaso de agua sin agua, es como un universo sin aire, una hoguera sin fuego. Los misioneros, sobre todo en zonas de alto riesgo, de tanto ver, acabamos siendo los especialistas de muchas de las cruces del mundo, de muchos crucificados del planeta, no solo de personas crucificadas por su fe o por la sinrazón de otros, sino también, especialistas del calvario de pueblos enteros crucificados. Mirando el rostro de los Cristos de la Semana Santa española, con cientos de miles de cofrades y penitentes ¿quién si no, mejor que el pueblo español, debería entender el horror que vive el pueblo Yaziríe en Siria, o la catástrofe de un precioso mar Mediterráneo convertido en un inmenso cementerio de 4.000 marginalizados, o el clamor de ancianos y niños, de mujeres preñadas y de campesinos ardiendo vivos en iglesias del norte de Nigeria por la fiebre asesina de criminales del Boko-haram...? ¿Quién podría comprender  mejor el torrente de lágrimas de una madre del Kurdistán o la angustia de una travesía a ciegas hacia las costas de la isla de Lesbos o la incertidumbre de una familia que se juega la vida en el campo de refugiados llamado la "jungla" en la ciudad francesa de Calais, que alguien que contempla el cuerpo y el rostro del Cristo de las lágrimas del Parque Figueroa, del cachorro de Sevilla o de las imágenes de pasión de Valladolid?

     Nosotros los misioneros estamos en primera línea todo el año. Viernes de pasión  en directo, no desde la tele. Tocamos el dolor en caliente desde cuando empieza a desgarrar. A veces te das de bruces con él. A mediados de febrero 2016 fui a recoger un joven a 120 km de Bangassou. Un prófugo. Se escapaba de un infierno, de 4 años viviendo como esclavo con un grupo de rebeldes ugandeses de la LRA. Alain, así me ha dicho que se llama, me ha contado su historia con voz entrecortada, medio K.O., aturdido por haber perdido las referencias y sentirse desubicado, perdido después de 4 años de miseria, suciedad, selva sofocante, testigo de mil  crímenes, incluso cómplice de cientos de otros. Me ha contado que lo secuestraron a él, a su mujer y a sus hijos, también a su madre, y la familia entera de su hermano con hijos incluidos del que se separó al poco tiempo. A su madre la perdió cuando fue incapaz de transportar todos los kilos que le habían puesto encima y su columna vertebral de quebró como el cristal. De un machetazo se libraron de ella. Su mujer fue a parar al círculo de un comandante rebelde que la "protegía" abusando de ella en todo cuanto podía. La dejó embarazada y Alain me dijo que murió 6 meses después, en una de aquellas extenuantes caminatas transportando bienes robados, de una hemorragia en un mal sitio y en un mal momento. Me dijo que la sangre resbalaba por sus piernas como de un grifo abierto con restos de feto incluido. A sus hijos los perdió de vista hace años y él se escapó a mitad de febrero. Así me fue  desgranando pedazos espeluznantes de su corta biografía. No me extraña que esté K.O. Lo dejé en un hospital de donde será evacuado a la capital. Allí, gente sesuda lo interrogará y exprimirá como un limón hasta que un psicólogo le ayude a rebobinar los mejores momentos de su vida antes del secuestro y a pensar en positivo. Hasta que empiece por si solo a descubrir si queda alguien vivo de su familia... Pido a mi Dios que me dé el don de la empatía, de la compasión, de saber meterme en la piel de un clandestino de los que Mgr Agrelo denuncia sus estremecimientos en Tánger, de una familia que se echa a la mar con niños pequeños para llegar a las costas griegas o de quien quiera que esté sufriendo en esta tierra.

     Alain es hoy para mí la cara de nuestro Cristo y en esta Semana Santa, es la imagen de nuestra cruz. Como decía antes, los misioneros, distribuidos por todas las geografías del planeta conocemos al dedillo muchos ejemplos de cruz con Cristo y de un Cristo con rostro, con manos, con pies, con corazón y con alma.

Recuerdo el rostro de una mujer refugiada en la misión, acusada de brujería y amenazada de muerte por una masa de gente histérica y ciega. Recuerdo su rostro apergaminado de arrugas. Un rostro surcado por cien ríos y mil afluentes, un rostro cargado con todas las amarguras de su pasado y las incertitudes del futuro. Un rostro con ojos afilados como un bisturí pero, al mismo tiempo, expertos en vida, testigos de mil muertes en un continente en donde la muerte está barata; cómplices de cien duelos aquí donde acompañar a los muertos en su tránsito final es un deber sagrado; cuajados de lágrimas, símbolo del desconsuelo en que hallaba. El rostro de aquella mujer surcado de arrugas era el rostro de Cristo crucificado, del Cristo atado a la columna y de tantas otras imágenes.

     Recuerdo otra foto y unas manos roídas por la vida. Manos de piel cuarteada y venas sinuosas. Las manos se abrían en cruz para agarrar un haz de leña. La leña pesaba sobre la espalda de un hombre y las manos la sostenían mientras el cuerpo se encorvaba y dolía. No eran unas manos bonitas, ni tenían uñas cuidadas, ni brillaban de cremas ni olían de aromas. Eran las manos de uno de los miles de empobrecidos, que por suerte o por desgracia, les toca vivir sólo con el sudor de su frente, sin más ayuda gubernamental que la de permitirles vivir. No se veían en ellas ni el boquete de los clavos ni los raspones de las caídas. Pero se intuían unas manos crucificadas sin clavos, traspasadas por dureza de la vida.

     ¿Qué decir de los pies de Cristo? Los pies de un Cristo clavado, la anatomía deformada por los nervios tetánicos, son una lección de vida. Los pies son el resumen de una biografía, el legado de un pasado, la herencia de un presente y un escrito codificado de lo que ha sido la vida de una persona. Pies contraídos, pies torcidos por el reuma, pies consumidos por el trajín, pies cansados, pies machacados por la carga, pies doloridos del mucho estar de pie. Recuerdo los pies de Madre Teresa en los últimos años de su vida y  mas que pies eran un garabato. Aquellos pies resumían el calvario de su preciosa vida. Aunque también reflejaban el mucho bien acumulado, el amor  ofrecido y el dolor compartido. Mirad los pies de cualquier Cristo, crucificado  o no y leeréis en ellos su maravillosa vida y la fuerza inmensa de su personalidad única e irrepetible.

     El corazón del crucificado se le imagina a través de la llaga del costado. Y pienso en las llagas abiertas de la  humanidad, ahora más que nunca, cuando el odio del islamismo radical ha salpicado a enteros continentes. Criminales que matan en nombre de Dios son solamente criminales que ponen a la religión como una pantalla para justificar sus crímenes. Los romanos maltrataron a Jesús y lo mataron porque cumplían órdenes. Los radicales lo hacen porque supuran odio irracional, un odio que abre llagas y rasga corazones. La violencia impone la injusticia y la generaliza. Jesús triunfa de la violencia con su mansedumbre y su sentido común. Llagas abiertas en la fe de la vieja Europa en donde, como en un cascarón vacío la fe se desmorona a cachitos, a trozos, una generación tras otra. Llagas abiertas en el continente americano, en la selva de las tribus amazónicas, llagas abiertas por el consumismo a ultranza, por la adoración del dios dinero, llagas putrefactas en zonas del mundo donde se explotan niños, se secuestran niñas, se abusa de jóvenes perdidas o se machaca sin piedad a personas honradas: cada uno de esos momentos son una lanzada en el corazón de nuestro Cristo de la semana santa.

     Pero queda el alma de nuestro Cristo que no es otra que la certeza de su resurrección. Un Cristo que no resucita es un pobre cristo, un cristo inacabado, un cristo fallido. Un Cristo resucitado es aquel que inunda de esperanza los rostros, las manos, los pies y las llagas de una humanidad a la deriva. Por eso el alma de la pasión se entrevé también durante las torturas porque la muerte es solamente la antesala de la vida. Cristo es vida porque resucita. Está resucitado cuando salen las cofradías. Resucita cuando la Iglesia vive el Evangelio y no se pliega ante el Dios dinero. Resucita cuando es misericordiosa, cuando los misioneros van por todo el mundo hablando de su muerte-vida y de que somos cristianos cuando hacemos cómo él hizo, vivimos como El vivió, hablamos cómo El habló y sabemos morir, más o menos, con la fe en la vida eterna con la que El murió.

                                Monseñor Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou

                                                                   (Centroáfrica)                                   

                                                          

 

 

 

BAKOUMA, PASADA A SACO POR LA LRA

Febrero 2016

BAKOUMA, PASADA A SACO POR LA LRA

     Era ya noche cerrada. La hermana Claribel recuerda la espalda del bandido que destripó y saqueó su habitación. Había cogido una mochila de aquellas rojas y amarillas que se distribuyeron cuando la JMJ en Madrid y allí había metido todo el dinero que les habían robado, y sus vestidos, la comida de los pobres y hasta sus sujetadores. Dos horas de angustia, dos religiosas desamparadas frente a 16 saqueadores y centinelas de campo, drogados de hachís indígena y armados hasta los dientes con kalashnikov y machetes. Hablaban inglés y swahili. Fui a verlas a los pocos días y a convencerlas que lo que les han robado hoy regresará con creces por obra y gracia de la fe en la Providencia. Pero temblaban aún por las dos horas que duró aquel calvario. Ese 21 de enero de 2016 será inolvidable para ellas, misioneras salvadoreñas de los pies a la cabeza. Una trabaja en Bangassou (Centroáfrica) desde hace 20 años. Ellos, los infames asesinos de la LRA, desde 2008. Esta Armada de Resistencia del Señor (LRA), fundada por Joseph Kony asola la diócesis Bangassou sin piedad desde entonces.

     El Papa Francisco ha podido, el mes de noviembre pasado, romper barreras y borrar líneas rojas entre otros contendientes, Selekas y antibalakas. Su presencia ha movido el país a unas elecciones presidenciales con las que salir del hoyo en donde la coalición rebelde Seleka, de mayoría musulmana, nos había metido hace tres e interminables años. Desgraciadamente Bangassou queda a 750 km de la capital, que el Papa declaró "capital espiritual del mundo". Así que nuestra diócesis no puede aspirar a ser más que la "diócesis más saqueada del mundo". Ayer fue en Bakouma y las hermanas Claribel y Sandra apuran el cáliz de la violencia. Mañana, eterno recomenzar, será en otro sitio, con los mismos protagonistas y el pueblo de Bangassou como víctimas colaterales por estar en el peor sitio, en el peor momento, que eran sus casas y sus aldeas. Un drama brutal que golpea un pueblo pacífico y amigable.

     En las últimas dos semanas de enero 2016, la LRA ha atacado decenas de pueblos, algunos a 10 km de Bangassou, se ha llevado cientos de niños y jóvenes secuestrados que guardarán el trauma de la violencia, de las noches en la selva y de los estragos de verse alejados de sus poblados, han matado a los que han opuesto a sus fechorías (ayer enterramos el último en Bangassou) y han quemado cientos de casas y con ellas, semillas, cosechas, enseres y sueños de futuro.

     Otra imagen que Claribel lleva en sus pupilas es la de uno de los violentos pisoteando su velo blanco de consagrada, apenas tirado al suelo desde el armario de su cuarto. Su ropa manchada es símbolo de su fortaleza saqueada. Les pedía calma cuando uno de aquellos fanáticos golpeó con la parte plana de su machete a la hermana Sandra en el hombro porque, temblando como estaba, no atinaba a meter la llave en la cerradura de la alacena. El ataque que ellas vivieron ese día no es más que el eco de los cientos de asaltos vividos por estas poblaciones desde hace años, resonancia de los cientos de violencias ciegas y gratuitas que han golpeado la diócesis en los últimos años.

     Pero esta vez, la agresión tiene una connotación nueva y sesgada. Apenas la LRA se marchó a contar monedas y billetes, sacos de cacahuetes y botín  desparejado, un grupo de soldados ugandeses llegó a Bakouma, seguidos de un pequeño contingente americano (dos agentes blancos y uno negro) en un helicóptero del ejército de EEUU. En efecto, desde hace 10 años, un contrato firmado entre el anterior gobierno centroafricano (hoy destronado), la Unión africana (UA) el gobierno ugandés y el gobierno americano, ha permitido a soldados ugandeses y americanos, con la excusa o la certeza de luchar contra la LRA, los unos porque la vieron nacer y los otros porque tienen satélites y drones con los que poderlos seguir, de campar a sus anchas en el este de Centroáfrica. Es como si un batallón del ejército esloveno (por ejemplo) ocupara la provincia de Cádiz (por ejemplo) sin que nadie se diera por aludido y cientos de aviones eslovenos, sin control ni permisos, aterrizaran por todos lados, dueños del territorio. La presencia de estos ugandeses ha permitido dar seguridad en las ciudades más grandes al borde de la carretera principal. De hecho parece que  triplican el número de los LRA. Pero la cosa huele a chamusquina. Parece como si no les interesara acabar con la LRA. Saben quiénes son y los dejan hacer, no entran en la selva a buscarlos excusándose en los jóvenes secuestrados que la LRA pondría como escudos humanos en caso de ataque, tienen fotos de los líderes, saben dónde se esconde Joseph Kony desde hace años (en un rincón entre el Sudán del sur y el del norte al sur del Darfur llamado Kafia Kingi), pero nadie mueve un dedo para neutralizarlo con la complicidad del gobierno sudanés. Los ugandeses presentes en Centroáfrica "juegan a la guerra" y son mejor pagados por el gobierno ugandés que en su propio país. Antiguos LRA reintegrados en el ejército ugandés son reenviados a Bangassou e incluso son reconocidos por antiguos secuestrados, con el trauma que esto supone para ellos. Los americanos, con la excusa de la LRA, ya tienen media docena de bases en Centroáfrica desde donde controlar, creo yo, el petróleo del Sudán y el coltán del Congo. Me da la impresión de que chupan del bote, que el "control" de los rebeldes de la LRA es la punta del iceberg que esconde cantidad de otros intereses que los engrasan gratuitamente. Intereses geopolíticos, económicos u otros en donde ya me pierdo. Y mientras, mi pobre pueblo ejerce de víctima colateral y mis pobres monjas aguantan carretas con su pueblo y carretones con los pobres indefensos.

     Los tres americanos trajeron a Bakouma medicinas y las distribuyeron a las misioneras, tomaron nota de lo ocurrido, les enseñaron fotos de reconocimiento de los líderes de la LRA en poses distendidas, uno tocando la guitarra, otro sonriendo como si la foto fuera el recuerdo desde la selva centroafricana para su abuela en Uganda. Mientras uno explicaba los poderes de la pomada contra los hongos, otro, a escondidas de las monjas (pensaban ellos!!), guiñaba el ojo a su compañero como diciendo: "las tenemos en el bote, estas dirán a todos que nuestra presencia aquí es muy necesaria". Nos parecía una puesta en escena, una escenificación con la que convencer al próximo gobierno que saldrá de las urnas la próxima semana, de volver a firmar el contrato que liga Centroáfrica con EEUU y Uganda con el beneplácito de la UA, dejando las cosas de la LRA como están, dejando al sufrido pueblo centroafricano pisoteado como siempre y dejándolos a ellos, de rositas, organizar "sus verdaderos objetivos" (buenos o menos buenos) en tierra extranjera. Son algunas de las zonas de sombra que vivimos en este atraco en directo, otro  puñetazo en tiempo real en la boca del estómago de mi pueblo centroafricano.

     Al atardecer nos fuimos todos a decir la Misa y a encontrar consuelo en la fe. Curiosamente la comunión nos dio fuerzas pero noté que las formas, por no sé porqué misterio de los armarios, tenían sabor a alcanfor. Sabor ácido en la boca y consolaciones en el corazón. No nos queda que gritar con el salmista: "Sácame de la red que me han tendido, porque confío en Ti, tu eres mi roca y mi refugio" (Salmo 90).

RECUERDOS DE ESTOS DÍAS

07/01/2015

     Ahora estoy en Bangui, la capital, en la conferencia episcopal. Hoy hemos estado preparando  un mensaje a la nación que será leído por "gentes de todas las religiones", así que hay que afinar mucho y mañana vamos a encontrar a la Presidenta de la Transición en el Palacio presidencial.

     Me pondré la sotana negra con botones rojos 100%  protocolo. Pero cuando me de la palabra, le hablaré de mi gente de Bangassou y de sus tribulaciones, con algunas pinceladas de alegrías. A final de diciembre tuvimos la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Los candidatos son más de lo mismo (antiguos primeros ministros de X y de Z), pero lo importante, después de los tres años de horror que hemos vivido, es que haya uno, no de quién se trate. Uno que ponga orden en este gallinero.

     Todos coinciden, lo diré en la homilía que predicaré el domingo 10 de enero en la Catedral de Bangui a todas "las fuerzas vivas de la nación" en nombre de toda la conferencia episcopal, en que la visita del Papa Francisco ha abierto puertas, ha roto barreras, ha borrado líneas rojas que durante mucho tiempo han estado ahí, como muros invisibles de hormigón, para vergüenza propia y ajena  de la población del país. El Papa dijo cosas que han quedado en la memoria histórica de Centroáfrica. Cuando dijo que "la religión no es el problema, sino que es una parte de la solución" se vio claro que el problema centroafricano era político, no religioso. Cuando quiso que el Imán de la mezquita central subiera al Papa móvil (un Toyota como el de mis curas, por cierto, vestido de rojo y con una escalinata en el lugar justo), ese pequeño trayecto en que viajaron codo a codo, rompió muchos moldes y prejuicios.

     El día de Navidad lo pasé en una capilla de la selva y allí pude saludar a una patrulla de rebeldes, darle la mano y un calendario de bolsillo y decirles que no dejaran de rezar, que nuestro día de navidad coincidía con la fiesta del nacimiento de Mahoma.  El 31 rezamos en la catedral de 10 de la noche hasta las 2 de la madrugada. Nos dimos un botellón de oraciones porque tampoco había otros sitios a donde ir. Allí di a la diócesis el ostensorio que nos regaló el Papa Francisco para hacer la adoración.

     El primero de año, preparamos una comida opípara para 140 pobres. Les dije a mis curas que sirvieran la mesa mientras yo llegaba desde una capilla alejada a donde fui para la Misa del día mundial de la Paz y de la maternidad de María. Comieron hasta hartarse y luego les metimos los restos en bolsas de plástico. Al menos ese día se sintieron ser algo, dueños del cotarro por un rato.

     Luego el domingo de Epifanía tocó el turno a los niños de la pediatría. Uno, cuando llegué, se me quedó mirando fijamente. Una mirada profunda, como en carne viva. Con pocos meses, había sido abandonado por su madre y estaba desnutrido hasta los huesos, la piel escariada y encogida, el cabello ralo como de falta de alimento, las piernas dos palillos... y esa mirada penetrante. Al lado podéis ver su foto. La mirada se la desmonté con una piruleta XL, pero la tristeza del rostro fue difícil de enjugar. Me pregunté lo desesperada que debe de estar una madre como para abandonar a su propio hijo, que habría que bucear en las razones secretas que la empujaron a ello... Aquí, el juego de miradas es importante, el lenguaje visual, el dicho y el no dicho, el valor del silencio... es importante. Ya sabeis que a Dios le gusta mucho el silencio. Ese crío me miraba en silencio y su mirada dolía. Era la fiesta de Epifanía pero para él, en su inconciencia, era lo más crudo del viernes santo. Hay miradas ansiosas de hambre, miradas rastreras de odio, miradas húmedas de pena, miradas ácidas de abandono... como la de ese niño.

     Vi como lo metían en una palangana de agua tibia y se dejaba enjabonar. Podrían no haberlo hecho y para él hubiera sido lo mismo, contagiado de la dejadez de su breve biografía. Pero unas comadronas lo lavaron y enjabonaron con cariño y me dije que ese simple contacto, unas manos acariciando con dulzura, unas yemas de los dedos haciendo círculos de amor sobre su frágil piel, solo podría hacerle bien y darle cargas de amor directamente envasado en nuestra pediatría de Bangassou. Luego lo untaron de aceite perfumado, como suelen hacer aquí después del baño y luego se quedó frito. Por cierto, el niño se llama Olivier. Así lo llamó una comadrona. En fin, recuerdos de los últimos días que he querido compartir a prisa y corriendo... Un abrazo enorme.

 

Juanjo Aguirre

TURRÓN CON SABOR A PAPA FRANCISCO

22/12/2015

     Este año el mejor regalo de Navidad que hemos recibido en Centroáfrica ha sido el Papa Francisco. El eco de su visita todavía resuena en nuestros oídos. Llegó como un ángel blanco con zapatos negros y gastados  y, con solo su estar, sonreír y acariciar, hizo saltar de un plumazo los negros augurios que pronosticaban una visita saboteada y rota.

     Cuando acarició a su niño, una madre se echó a llorar de emoción. El de la foto de abajo es de un campo de desplazados que visitó justo después de la acogida ritual con fanfarrias en el palacio presidencial. Del abrazo de ministros y funcionarios (también ellos muy felices con su visita) se marchó al otro extremo: a la dura vida del día a día, del sobrevivir con menos que nada en un campo de gentes en donde todos lo habían perdido todo. Cuando vieron al Papa paseando junto a ellos, buscándolos incluso para poder acariciar sus cabezas apenas trenzadas al estilo africano, sintieron que no lo habían perdido todo, porque tenían sonrisas a raudales por sentirse bendecidos con la sola experiencia de las yemas de sus dedos.

     El Papa Francisco se pateó el campo de desplazados de arriba a abajo. Creo que tocó a más de 400 personas, la mayoría niños. Bajo un sol de plomo porque era ya medio día. Sonrió a las madres, acarició los niños, con el mismo cariño que acabará acariciando el niño Jesús de su Belén en Santa Marta.

     Los niños que el Papa Francisco tocó en Bangui, sin mediar palabra, justo con un intercambio de miradas cómplices, era ya un deseo de Feliz Navidad.

     Luego  se acercó a acariciar a aquella mujer en el pediátrico de Bangui. Podría haber sido en el "Buen Samaritano" en Bangassou, tantas veces hemos visto esa escena repetida.

     Esa mujer, que todo el mundo vino a saludar al día siguiente porque la habían visto en la prensa junto al Papa, es, junto al niño, el segundo símbolo de nuestra navidad. ¡Feliz navidad a todos los amigos de la Fundación Bangassou!

     Algunos creyeron que era un niño. Si nos fijamos, es una mujer de 25-30 años, de 35-40 kilos de peso corporal, con una enfermedad en fase terminal, seguramente Sida, sobre abiertos los ojos, menguados sus pechos, como vaciada de vísceras, reducida a un amasijo de huesos y humanidad... Papa Francisco le coge la mano, luego alarga la otra hacia su frente...Ella mira a la cruz como desangelada y él baja la mirada pudoroso al encontrarse junto a un misterio. El misterio del sufrimiento llevado a límites fuera de lo normal, una serie interminable de píldoras amargas que han llevado a esa joven a ese extremo de desamparo...

     Finalmente, aparezco en otra foto junto al Papa. Después del campamento de desplazados, quiso encontrar a los 10 obispos de Centroáfrica. Nos saludó uno a uno. Yo le hablé en español mientras que el Nuncio traducía en francés para los otros obispos. Le hablé de Bangassou, de los peregrinos que han hecho tres días de camión por pistas llenas de violentos para venir a verlo y de que después nos tocaba la vuelta. Pero que todo era poco por el placer de oír su mensaje y ver sus gestos de coraje que buscan la fraternidad en una sociedad huérfana de guiños de amor. Me dijo que estaba impresionado de ver que 2.800 jóvenes scouts habían hecho como "un muro" para que nadie entrara por donde su coche iba a pasar. ¡Los jóvenes de Bangui protegiendo al Papa Francisco! Feliz Navidad a todos y próspero año 2016.... 

 

 Bangassou 22 diciembre 2015        

+ Mons. Juan José Aguirre

 

 

 

LA BANDERA CLANDESTINA

17/12/2015

     Ndele, Centroáfrica. 15 de diciembre 2015. Una nueva bandera ondea sobre la plaza de la alcaldía. Tres franjas de colores y una estrella blanca en el centro. Una bandera recién salida del horno de la disidencia, de la alforja de la rebelión musulmana que todavía colea después de la visita del Papa Francisco y de la votación para la aprobación de referéndum constitucional de pasado 13 de diciembre. El rebelde Nourredin Adam es el padre de la criatura. Uno de los líderes rebeldes de la coalición Seleka que invadieron Centroáfrica hace tres años por la frontera chadiana, que arrasó Bangui y el resto del país, que aupó al poder durante 9 meses al autoproclamado presidente Dotojia y que hundieron a la pobre Centroáfrica en un pozo profundo del que aún no ha salido.

     Hoy Dotodjia ya está en el exilio en Benín. Pero Nourredin está vivito y coleando. Dicen que es familia del presidente del Chad Idriss Dévy. El lo niega, evidentemente,  por conveniencia logística. Lo conocí en Bangassou donde también lo alojé tres días en la misión. De mediana estatura, correoso, fuerte de haberse entrenado durante años, gafas de profesor y  músculos marcados en sus brazos hasta casi desgarrar la camisa. Un distintivo hacía de él un jefe: un bastón negro, de ébano, en sus manos, con el que jugueteaba al mismo tiempo que daba órdenes o bebía una cerveza.

     Ha sido Nourredin Adam el que se ha inventado esa nueva bandera, declarado la independencia del noreste de Centroáfrica (desde Kaga-Bandoro hasta Ndele y Birao) dibujando en su mapa la "República de Logón" y comunicando a las autoridades de Bangui la partición de Centroáfrica porque le daba la gana. La zona es mayoritariamente musulmana, pero por ejemplo en Ndele viven 10.000 no musulmanes a los que Nourredin y su declaración les habrá sentado como un tiro, algo a lo que, desgraciadamente, están acostumbrados. Porque Ndele es una ciudad mártir. Perece ser que soldados de UN llegaron pocas horas después y arriaron la bandera aunque tampoco duró mucho a media asta.

     A pesar de Nourredin, dos hechos han marcado la vida de Centroáfrica estas últimas semanas. Uno es la visita del Papa Francisco dos días en Bangui, sus bendiciones, su ternura por las gentes que tocó, sus gestos claros y discursos firmes. Aunque el gobierno francés desaconsejó firmemente esa visita, Francisco quiso a toda costa mantenerla. Entre otras razones, porque uno de los candidatos a la presidencia, Karim Mekassoua , alguien del famoso barrio P.k. 5 de Bangui en donde se sitúa la mezquita central, fue a Roma a primeros de diciembre tan solo para decir a la gendarmería vaticana que la seguridad durante su estancia en el P.k. 5 estaba garantizada, que ni el Papa ni nadie allí sufriría en más mínimo rasguño, que Papa Francisco podría, como pudo, venir, saludar, tocar a los niños desplazados, y decir a los 4 vientos que "la religión no es el problema, sino una parte de la solución". Muchos dicen que aquel día el Papa protagonizó un milagro: el de la caída del muro de la división en Centroáfrica.  Y que, finalmente, se lo oí decir a tertulianos de la cadena francesa RFI, el problema centroafricano no es un problema religioso sino político. Dijo Papa Francisco, comentario irónico pero valiente, que si no lo hubieran dejado llegar hasta Centroáfrica se habría tirado en paracaídas. Bajando de la escalerilla (¡no fue necesario lanzarse!), cuando me saludó, le dije en español que hablara del perdón, porque a donde hay perdón allí está Dios. Y claro que habló de perdón pues lo llevaba archí preparado de antemano: en cada discurso y a raudales. También habló de justicia, de empezar de nuevo, pasar página y de mirar al futuro con esperanza. A los jóvenes, reunidos en la plaza de la Catedral de la Inmaculada, una multitud inmensa que lo escuchó a través de pantallas gigantes, les preguntó varias veces (alguien traducía simultáneamente en sango, la lengua local,) si rezaban. "¿Mucho?" Porque en tiempos recios, absorbidos por la tribulación, la angustia y la violencia ciega, rezamos poco o nada, mientras que es evidente que Dios sabe mucho de conflictos, porque está presente en cada uno de ellos. Millones de mujeres lo invocan en ellos, pero jóvenes y contendientes, en esos momentos, tienen poco sitio para Dios en sus mentes. ¡Bastante tienen con salvar la vida!

     El otro hecho es la celebración del referéndum el 13 de diciembre pasado, primero en la mayor parte del país, por ejemplo en Bangassou donde la mayoría de los votantes censados votó ese día. En Bangui votó menos del 50% del censo electoral.  Los que no pudieron votar porque violentos muy cabreados les impidieron el acceso a las urnas, votaron al día siguiente. Pero ese día 13 de septiembre hubo 5 muertos en el P.k.5, 5 vidas a las que la vida les supo a poco, porque solo querían votar y se dieron de bruces con la muerte. Ahora, los musulmanes moderados luchan por su derecho a votar contra los violentos que boicotearon el voto aquel primer día y que se vieron derrotados al día siguiente. En otro barrio, Gobongó, violentos anti-balakas se negaron también a que los moderados votaran. Los cabecillas han sido puestos en la lista negra de la ONU. Esperemos, por el bien de todos, que la fuerza de los moderados, musulmanes y no musulmanes, venza sobre el odio y mal disimulado enojo de los que han querido durante tres años que Centroáfrica fuera un República  mirando a La Meca y se han columpiado, empezando por gentes muy encumbradas que viven fuera de Centroáfrica y que no son centroafricanos. La primera vuelta de las elecciones presidenciales están previstas para el 27 de diciembre y la segunda, si tuviera lugar,  para el 31 de enero. Será un enorme desafío para este país. Entre diciembre 2015 y enero 2016 tiene que  ser gobernado por un presidente salido de las urnas. La comunidad internacional lo exige antes de desbloquear ayudas para el país. El Papa ha sabido, con su mágica presencia,  iluminar e impulsar este proceso y el pueblo centroafricano sano hará el resto.

 

       Bangui 17 de diciembre 2015

       Mons Juan José Aguirre

       Obispo de Bangassou (Centroáfrica)

 

¡GRACIAS PAPA FRANCISCO POR HABER VENIDO!

30/11/2015

     Al principio no nos lo creíamos: ¿Cómo todo un Papa viene a pisar la tierra roja de este país ensangrentado por la sangre también roja de tanta pobre gente?

     Sin embargo, querido Papa Francisco, te saltaste a la torera las recomendaciones de los más cautelosos, no quisiste chaleco antibalas, te subiste en el Papa móvil sin blindar, para que todos te vieran mejor y te pusiste a hablarnos de paz y reconciliación. De que con la paz todo se gana, mientras que con la guerra todo se pierde. Cosas sencillas pero que necesitábamos mucho volver a oírlas. Que la violencia no conduce nunca a la paz sino que genera más violencia hasta crear un remolino de violencia que engulle inocentes y pecadores. Recién llegado, arropado por una multitud entregada y 2.800 scouts que ponían orden, pasaste por el mismo lugar en la avenida Combatant en el que hace poco menos de un mes, 4 representantes de un grupo radical que venían a Bangui a negociar fueron linchados con palos y machetes. Tocaste a los niños desplazados, que han perdido casa, familia, escuela, niños noqueados por la violencia, niños heridos por las balas, niños de casas quemadas que miran el horizonte sin ver ya nada más porque les habían robado su inocencia, de tantas maldades que han sido testigos. Hijos del miedo, hijos del hambre, niños musulmanes y no musulmanes en dos campos de desplazados distintos, sin hacer diferencias, niños de mirada perdida a quienes les han saqueado el alma en Bangui. Te paseaste entre ellos, con los zapatones negros que trajiste desde Argentina... Gracias porque te pusiste en su lugar y denunciaste sin paliativos que muchos de aquellos niños y jóvenes habían sido utilizados por criminales como carne de cañón y esclavas sexuales.

     Entraste el mezquita de Koudoukou sin miedo a las balas! El Imán Layama Kobina no estaba allí porque se la tienen jurada incluso muchos de los suyos, pero la habían pintado y aderezado  sólo para ti Papa Francisco, porque decían que era un gran honor que pisaras sus esteras con tus pies desnudos y les hablaras de paz. 5 minutos quisiste rezar donde suele predicar el Imán, sin decir nada, en silencioso recogimiento.  Sólo después les saludaste con una gran sonrisa. No sé si los violentos te escucharán, pero sé que aquellos que te escucharon quedaron sobrecogidos. Lo mismo cuando hablaste en la escuela de Teología protestante. Lo mismo cuando, rompiendo el protocolo, horror para tu gendarmería, la Minusca y para todo tu séquito! y te acercaste a la escuela musulmana para escuchar los lamentos de mujeres que lloran con lágrimas de dolor, del mismo color por cierto que las lágrimas de las madres no musulmanas que viste el día anterior. Un Papa en Bangui sin chaleco antibalas cuando dos días antes los kalasnikof no dejaron de tronar durante toda la tarde, allí mismito, a dos tiros de piedra de la Nunciatura, por la avenida Boganda abajo, en el P.K. 5 en donde hasta por respirar te juegas la vida. Tuviste un recuerdo, te lo habíamos dicho los Obispos cuando comimos contigo el domingo en la Nunciatura, para los combonianos de la parroquia de Fátima, que no pudieron verte por no abandonar los 500 desplazados sentenciados a muerte si salían de la verja de la misión. Dijiste que te hubiera gustado ir a Fátima, insuflar ánimos allí! No pudo ser, por motivos de seguridad. Gracias por recordarme durante la comida solo con los Obispos  (yo estaba sentado enfrente de su Santidad, comiendo pescadito del río Oubangui con habichuelillas verdes), que San Ambrosio decía que el nombre de Dios es misericordia y que donde hay misericordia, allí está Dios. Estuviste "sembrao" Papa Francisco cuando  sugeriste entre líneas que los que mueven los hilos para que nada funcione en Centroáfrica, curiosamente, no viven en Centroáfrica, y que nadie tiene que huir de Centroáfrica por ello, porque  tuviste valor de decirlo todo sin pelos en la lengua, hablaste con arrojo a los jóvenes de Centroáfrica, confesaste a algunos y te paseaste en medio de los pobres como cuando te llamaban Padre Jorge por los arrabales de Buenos Aires.

     Gracias porque nos has dado valor y esperanza, porque no te callaste, porque miraste a la cara a los pobres, porque abriste la Puerta Santa de la Misericordia enseñándonos un carril prioritario, diferente del resto de la Iglesia, para ir más rápido hacia Sus Manos, experimentar su amor, y nos pediste que lo repartiéramos después, en forma de gestos de reconciliación. Nos enseñaste un camino, nos mostraste cómo salir de hoyo, del laberinto en el que estamos... Cuando, después de la foto ritual en la Nunciatura, te cogiste a mi brazo para subir los escalones, sentí tu fuerza, no tanto física, sino sobre todo humana y espiritual.  Bromeamos contigo en la comida con los Obispos cuando te enseñamos dos palabras en sango: ndoyé y siriri. Las repetiste a los jóvenes de la vigilia de oración 3 horas después: " Empapad vuestra vida de amor y paz"

     La multitud del estadio 20.000 plazas te sobrecogió, se te vio en la cara, porque rugían de amor y respeto cuando les dijiste de "pasar a la otra orilla" es decir pasar página y empezar de nuevo en la sociedad centroafricana. Cuando 25 almas gritaron a una el lema popular cristiano, sonreíste de oreja a oreja. Cuando me diste un regalo, (una custodia) me dijiste en español que rezara por ti y me guiñaste un ojo...

     Luego, querido Papa Francisco, subiste al avión sobre las 12'30h de esta mañana,  el segundo día de tu visita a Bangui, sin haber ni siquiera comido aún, con tu séquito de monseñores y periodistas, y nos quedamos mirándote y mirándonos, huérfanos ya de ti,  como embobados  despertando de un sueño, oyendo en sordina el ruido del Boeing de Alitalia que te trajo hasta nosotros y que te llevaba de vuelta a Roma, porque mientras has estado, las armas se han callado unas horas, por respeto a ti. Ojalá que te quedaras para siempre! Te fuiste a tu quehacer en Roma y en el mundo, a tu vatilik, a bregar con asuntos de corrupción y a tu Santa Marta querida y nosotros, sin paz ni pan, a nuestra lucha por estar junto a los pobres por decirles que mañana será mejor, que después de la tempestad viene la calma. Mi gente de Bangassou han recogido en unos botecitos tierra en donde tu pisaste! Dicen que está bendecida por tu huella. La llevarán a Bangassou como testigos de lo que han vivido en Bangui, de la inmensa esperanza que has sembrado en sus corazones porque por una vez en sus vidas, demonios negros armados de violencia se trocaron en un ángel blanco vestido de Papa Francisco. Que tus palabras de perdón y de paz, a fuerza de repetirlas, se nos metan en la piel, en el vientre y en el corazón.

     Y gracias de corazón a Dios Padre que no ha permitido que nadie nos agüe la fiesta, que ningún retorcido nos estropee el encuentro, que ningún descerebrado haga daño a nadie. Y gracias sobre todo a Dios Padre que ha querido regalarnos dos día de ensueño, teñidos de paz porque incluso aquellos dos jóvenes que raptaron en Fátima ayer por la mañana para degollarlos, (RD publicó la noticia, pero 5 horas más parte fue desmentida por los mismos padres de Fátima y las familias de los dos jóvenes), los devolvieron sanos y salvos, (por milagro de quién?) a final de la tarde, vivitos y coleando, después de haber tenido la muerte  rozándoles las gargantas.

Bangui 30/11/2015 a 14'45h

Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou

 

PAPA FRANCISCO EN BANGUI ¡TE ESPERAMOS!

20/11/15

          Se pueden suspender partidos de fútbol en Europa. Pero los africanos son de otra pasta. Papa Francisco ha dicho que suspender la visita a Centroáfrica el próximo 29 de noviembre, sería como un fracaso, como dar la victoria a los violentos. Y las oraciones de los fieles suben como el incienso, para que todo salga bien. Con todas las precauciones posibles, pero lo esperamos en Bangui, después de haber visitado Kenia y Uganda. Una multitud inmensa tendrá los ojos fijos en aquel religioso de sotana blanca que aparecerá por la puerta del avión sobre las 10 de la mañana, llegado desde Uganda y Kenia, las primeras dos etapas de su primera visita africana.

          Mirando a Francisco entre la multitud estará mi amigo Admed, pues muchos musulmanes esperan también esta visita como agua de mayo. Y el Imán de la mezquita central de Bangui, el imán Kobina Layama, un hombre sencillo, humilde y con una gran capacidad de perdón y de decir las cosas claras. Toda la clase política lo esperará. De Centroáfrica y de los países limítrofes, conferencias episcopales incluidas. Protestantes y fieles de diversas sectas estarán allí porque está en el ambiente que esta visita rezumará miel para todos. El Papa tiene previsto ir a la Mezquita musulmana en la avenida Koudoukou, zona muy caliente desde hace muchos años. Le aconsejan que se encuentre con la comunidad musulmana en otro lugar "menos complicado" para él y su séquito, pero sobretodo para los miles de fieles que seguirán al Papa Francisco a donde vaya y que, en aquel barrio, pueden encontrarse con una bomba de relojería. Irá también al Centro Bautista y Evangélico, a un campo de desplazados, a un orfanato y, sobre todo, a abrir la puerta Santa en la catedral de Bangui. La fórmula es coraje con prudencia, la mirada puesta en el Dios de la fe, en la fuerza demostrada mil veces del Jesús que "anduvo en la mar" aplacando las olas furiosas que azotaban la barca.

       He preguntado a la delegación de Bangassou si querían abandonar. Todos me han dicho que no, que apechugan con lo que sea. Se pondrá en marcha el lunes 23 de noviembre. Un camión con 69 personas, cada uno con su maleta. 750 kms de barro, tierra roja y socavones. En la caja del camión varias sillas para las 10 monjas y los 15 curas que hacen parte de los peregrinos que se desplazan para ver al Papa y recibir sus bendiciones. En Bambari, a mitad del camino, se montará la delegación de allí, una ciudad cruce de caminos, en donde la espiral de violencia de las últimas semanas ha sido horrible. Los que no vayan sentados en la caja del camión irán de pié, en simbiosis con el bamboleo del camión. Mínimo tres días de viaje si nada se complica. "Complicación" es un eufemismo porque se trata de que ninguna barrera de rebeldes armados hasta los dientes los pare o los agreda (hay que pasar unas 20), de tiroteos indiscriminados tanto en la zona musulmana como en la de los anti-balaka, aunque la mayor preocupación es pasar por la zona mbororo  ( pastores itinerantes que controlan una zona de 200 kms, que han sido golpeados sin escrúpulos y ahora se vengan con los viajantes), hasta llegar al asfalto, a 120 Km de la capital, en donde puede pasar de todo por obra y maneras de salteadores sin consciencia. A mi, mi Vicario General y mis curas  me prohíben subir al camión a causa de mis tres infartos y 9 muelles (stens) en el corazón. Iré en avioneta el mismo 23. Iremos hacia Francisco dando tumbos, pero con alegría, confiados de que su presencia es obra del Espíritu Santo capaz de resucitar cadáveres.

          En Bangassou llevamos preparando el viaje una semana. Algunos peregrinos están como un flan. Ir ahora a Bangui es ponerse encima del avispero sobre el que viven allí desde hace muchos meses. Y, de paso, cabrear a las avispas. Pueden lanzar una granada contra la multitud como hicieron el 4 de noviembre en una concentración de universitarios. No explotó esa vez. Era de fabricación china. Pero quién sabe si habrá una próxima. Hemos preparando el viaje desde la oración. ¡La oración de 69 valientes! Estamos con la oración del peregrino ruso, la de la frase (mantra) dicha con las cuentas del rosario, lentamente, sinceramente, atentamente, con amor y cosechando siempre paz interior. Todo para que el miedo no sea más fuerte que nuestra esperanza. La ilusión revolotea en el aire. Pero también un temeroso respeto, porque la capital vive desde hace meses una espiral de violencia que 12.000 cascos azules y 900 soldados franceses de la Sangaris no han sido capaces de frenar. Centroáfrica se ha descompuesto en pedacitos en los tres últimos  años. Líneas rojas han aparecido por todo el país dividiendo a musulmanes y no musulmanes, fragmentando la capital y otras zonas. Hay como una epidemia de violencia que no para, que gangrena una sociedad con olor a podrido y tensa, como la cuerda de una ballesta. La visita del Papa Francisco se vive como una contra reloj rezando para que la lista de asesinatos no suba de los 120 muertos y 300 heridos que llevamos en pocas semanas y se pare por la fuerza de su llegada.

        El Imán Kobina Layama me da un abrazo cada vez que me ve. No por nada hace dos años, por la fuerza de Dios, le salvé la vida. Íbamos en mi coche hacia el aeropuerto con el arzobispo cuando varios centenares de exaltados, armados de machetes y palos, pararon el vehículo para linchar al Imán. Cerré todo con el mecanismo electrónico y me puse en la puerta para que nadie tocara a mi huésped. Me dijeron que nadie quería hacerme daño a mí y al arzobispo, pero que querían al Imán. El forcejeo duró una hora. El arzobispo Mgr Nzapalaïnga luchó también por la vida de su amigo. Nos escapamos de chiripa, el pobre Imán, tirado sobre la alfombrilla y protegido por los vidrios oscuros. Cada vez que me ve me da dos besos y le dice a su esposa que se quite el velo para que yo la bendiga.

        Papa Francisco vendrá hacia nosotros hablando de paz y reconciliación. Nosotros vivimos en un laberinto desde hace 3 años. Aún no hemos encontrado la puerta para salir. Ojalá que el Papa nos enseñe otra salida, quizás por arriba, como dice el poeta argentino Marechal que de "todo laberinto se sale desde arriba". Ojalá que Francisco nos ayude a ponernos en el escalón de arriba y dar con un nuevo itinerario que nos saque de esta violencia infernal. O, simplemente, que nos abra la puerta del Jubileo de la Misericordia en la catedral de la Inmaculada Concepción de Bangui para que, pasando por ella, Jesús nos recoja, cual Buen Samaritano, nos cure y nos lleve a la posada de la reconciliación.

¡¡¡Segunda parte, al final de la visita!!!

                                                                 Bangassou 20 noviembre 2015

 

                                                                 + Monseñor Juan José Aguirre,

                                                             Obispo de Bangassou (Centroáfrica)

ESCLAVOS

Agosto 2015

     De "usar y tirar". Un concepto casi desconocido en grandes partes del continente africano es hoy allí moneda corriente. Pero no estoy hablando de un objeto que se puede barrer o quitar de en medio como algo inservible, inútil, engorroso o molesto. Se trata de seres humanos. De personas del siglo XXI que son vendidos como esclavos. Personas de carne y hueso son tratados como amasijos de carne, de usar y tirar o de reciclar vendiéndoselos a otros. Una trata de seres humanos, carne de cañón bien etiquetada para el mercado, niñas jóvenes para recreo de gente sin escrúpulos en el Golfo Pérsico que bajo la publicidad de países punta de lanza en camisetas del Madrid, del PSG o de la Fórmula 1 esconden unas bajezas podridas hasta el límite de lo inhumano.

     Ser esclavo hoy está tan de moda como lo fué en la antigüedad. Leíamos en estos días que el mal llamado Ejército islámico (hay millones de musulmanes tolerantes en el mundo que rechazan la violencia yihadista), el ISIS, ha raptado más 200 personas (y asesinado a otras tantas) para pedir un rescate o para venderlos como esclavos en los alrededores  de la ciudad de Ohms. El Boko-haram tiene en su cosecha más de 700 asesinatos. De aquellas 200 muchachas estudiantes raptadas, apenas se escaparon 40. Las demás han desaparecido. O las han matado o las han vendido como esclavas. Muchas, igual estarán en un harem del Golfo Pérsico al estilo de las esclavas de sus antepasados en el imperio califal cordobés. Desde las áridas estepas de Palmira, el DAES juega con las vidas humanas o se quedan con jóvenes indefensas como esclavas sexuales para goce aquellos "mártires de pacotilla". Desde los miles de esclavos y esclavas secuestrados por los perros rabiosos de DAES en Siria cuyos padres de la secta Yazidi han huído a las montañas, hasta las azules aguas del Maditerráneo en una patera sobrecargada, amasijo de sombras que huyen, a merced del mar y sus caprichos. Estos huyen de la esclavitud pero son esclavos de la ruleta que los lleve a buen puerto, a salvamento marítimo o al camposanto improvisado en los fondos marinos. Se juegan la vida a una carta. Y la de su familia. Es la esclavitad de la fortuna. Convertirse en esclavos pende de un hilo en una serie de calamidades que han llovido sobre sus cabezas.

     Luego lleva lo que algunos llaman el "flujo demográfico". Para subir a una patera, muchas africanas han debido ser esclavas sexuales de los traficantes. Otros llegan a España, Grecia o Italia en donde empieza otra carrera por la vida: la de quedarse fuera de las zonas calientes, la de encontrar un sitio donde vivir en paz, la de los papeles, la de buscar un medio para llegar a Francia, o a Calé para mirar a Inglaterra, o a los países nórdicos, donde vivir en la calle siempre será mejor que quedarse a ver venir la apisonadora asesina del DAES o del ISIS. El flujo migratorio toca sobre todo  a países africanos o a Turquía. En mi diócesis tenemos un campo de 3.000 refugiados del Congo que hemos acogido, alojado y dado un terreno para sembrar y comer. Llegaron sin papeles y nadie se los pidió. Muchos países africanos reciben cientos de miles de refugiados. En Italia parecen haber entrado 52.000 en 2015. En África estoy hablando de cientos de miles. Huyen de un drama que  a veces comprendemos sólo a medias.

      Recuerdo a una mujer protestante de Obo, al este de Bangassou, en Centroáfrica. Se llama Olive. Deterioró su vida, su salud física y mental, su familia, su honor, su credibilidad el día en que la LRA (Armada de Resistencia del Señor del miserable Joseph Kony) la secuestró y se la llevó esclava a la selva. Por tres años fue esclava de un comandante que  mancilló sus veinte años, la ultrajó pisoteándola, la violó, la prestó como puta gratis a sus compañeros de tropa, la torturó echándole encima gotitas de fuego de una bolsa de plástico que hacía arder sobre ella cuando una orden suya era mal comprendida o una mancha en su camisa delataba que su trabajo como sirvienta no era hecho con  inmaculada delicadeza. Oliva me contaba como ese hacer inmaculado de las horas áridas del día se convertía en tórrido asco cuando su "protector" llegaba borracho al campamento, la violaba y luego la quemaba con emponzoñadas gotas de plástico. La fragilidad de Olive destacaba sobre la brutalidad de aquel pervertido. Sus manos vacías hablaban de su horror frente al arsenal de aquel vándalo vestido con traje de camuflaje. Olive vivió aquel espanto tres años, hasta que, en una escaramuza afortunada, huyó del campamento con una decena de cuerpos macilentos, jóvenes convertidos en adultos abruptamente, mujeres con niños en los brazos, todos esclavos modernos en el mundo virtual de alta tecnología. Olive nunca podrá huir del drama que vivió en la selva de Obo. No tiene medios. Vive con medio euro al día.

     Entre docenas de casos vividos en primera persona recuerdo otro del 2002.  Se trata de un muchacho atlético, fuerte, que tenía 14 años y era de Rafai, diócesis de Bangassou. Se perdió en la selva cuando cazaba ratas palmistas con sus amigos. A los tres días lo encontró  un grupo de cazadores furtivos sudaneses que lo alimentaron y se lo llevaron en la grupa de uno de sus asnos. A los tres meses, el destino lo llevó a una ciudad del centro del Sudán en donde los furtivos lo vendieron a unos comerciantes de Jartum, la capital. Allí lo volvieron a vender en una subasta de esclavos,  lo compró una familia que lo revendió más tarde. Su vida se convirtió en una espiral de pujas y vejaciones, en un objeto desechable dentro de las costumbres de familias tradicionales sudanesas. Cuando tres años después, una ONG inglesa lo descubrió y habló con él, se recordó de cuatro palabras en francés y en zande, su lengua natal y de Bangassou su región. A través de los Combonianos de Jartum, contactaron conmigo. Esta ONG lo recompró y lo embarcó para Centroáfrica donde yo mismo lo recibí en el aeropuerto de Bangui y lo llevé hasta su familia, 800 kilómetros en la selva, que lo  acogió con extraordinaria alegría, perpleja por increíble, el mismo Michel  por quien habían hecho los funerales tres años antes.

     Esclavos de la antigüedad y esclavos del hombre moderno. Estamos viviendo la repetición de aquello que ya ocurrió en  muchos momentos de la historia. La de hoy, en el Mediterraneo, en Ceuta, en Calé o en Lampedusa, es otra página manchada de la historia. ¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados? En aquellos momentos, siempre hubo hombres lúcidos, carismáticos. Héroes de la humanidad que supieron reaccionar con feroz energía y amor sin límites. Desde San Pablo y su historia de Onésimo y Filemón hasta San Pedro Claver o San Junípero Serra (que será canonizado por el Papa Francisco en Washington el próximo 23 de septiembre), no todo el mundo se quedó indiferente.

     Hay reacciones extraordinarias, como la del arzobispo de Tánger, Mons. Santiago Agrelo, que escribió en defensa de los derechos de estos “extranjeros” a los que el Evangelio nos dice claramente, en el texto del juicio final de Mateo 25, que tenemos que acoger, sobre todo sabiendo que miles de ellos están huyendo de una muerte segura. Con efecto llamada o sin él. Países como Grecia, Italia o España están haciendo frente al problema como mejor pueden, pero muchas veces están desbordados. La unión Europea no dice nada por no mojarse, creo yo. Y la Iglesia católica, nuestras comunidades religiosas, me parece ver un alzarse de hombros como pensando “esto no me toca”, “estos dramas no van conmigo”, o “estos indeseables no entran en mi evangelio, mejor que la policía los vuelva a echar al otro lado de la frontera”. Mirar y ver qué pasa, desde la orilla. El silencio nos hace cómplices de los esclavistas. Ojalá que surjan nuevos Juníperos o Pedro Claver, capaces de mirar desde el evangelio y actuar, de empatizar con los últimos de la cadena y desbordar de compasión por estos esclavos modernos. No vaya a ser que el mayor asesino en serie hoy día en nuestro planeta no sea la pobreza, sino nuestra indiferencia.

Mons. Juan José Aguirre

Obispo de Bangassou (Rep. Centroafricana)

GRACIAS

20/05/2015

GRACIAS

Queridos amigos:

     Mil gracias a todos los que me habéis llamado en estos días, me habéis escrito por mail para animarme, habéis seguido la evolución de mi enfermedad o habéis estado rezando simplemente por mí... No estoy de ánimos al 100% y me siento muy cansado pensando lo que Dios quiere de mi. En efecto, el dia de mi 17º aniversario de consagración episcopal, el domingo 10, me desperté de madrugada con un fuerte dolor en el pecho. Ya he tenido dos infartos hace 4 años y se reconocer que llegaba el tercero. Afortunadamente me encontraba ya en  Bangui preparando mi viaje a Roma para la visita “Ad Limina” que cada 6 años hace toda la Conferencia Episcopal centroafricana. Con mi  compañero comboniano padre Aurelio buscamos una doctora cooperante, que nos dijo que ella no tenia aparatos para hacer una "trombolisis" de urgencia para empezar a disolver el coágulo, que fuéranos a la clínica Sweps donde encontramos un celador por único habitante, llamamos a dos cardiólogos que no cogieron el teléfono y , finalmante, nos acercamos al hospital de campaña que el ejército francés tiene en Bangui (200 soldados en zona de alto riesgo, lo necesitan) y alli nos atendieron con urgencia, competencia y acogida excelente. Hoy ya bien, en casa, flojito pero levantándome, sin responder a teléfonos y pensando en el futuro, que ya no podrá ser como antes, aunque sé que Roma me va a dar largas.

     Estuve dos dias en la clínica de campaña francesa y pedían que un avión medicalizado, me llevara a hacer un cateterismo, máximo  antes de 48h. Como no tengo seguro médico fuera de España, embajadas, nunciatura y demás organismos se lavaron las manos y animaron a mi familia a encontrar  financiación propia. Tras arduas negociaciones económicas y búsqueda de medios, al final vino una avioneta de Luxemburgo y me trajo a España sin maletas, con escala en Niger y en Málaga. A la Cruz Roja de Córdoba llegué a las 3 de la mañana, momento que véis en la foto. Al dia siguiente entraron en mis coronarias para descubrir que la derecha estaba obtruída por un antiguo stem que se había movido del sitio produciendo un trombostem. A los 7 stems que ya tenía, añadieron dos y me recompusieron el atasque. Dos dias sin irrigación derecha no han supuesto casi ningún daño y ahora me dan varios meses para recuperarme. Ha sido como un milagro venir desde tan lejos con una arteria bloqueada y yo me siento como aquel que apalearon los ladrones en la parábola del Buen Samaritano y éste tuvo piedad, se acercó y lo amó.

     Quiero ir a Roma a mitad de junio para encontarme con el Cardenal Filoni, presidente del Dicasterio de Propaganda Fide, y (si es posible), con el Papa pues la conferencia episcopal centroafricana está actualmente en Roma y yo me estoy perdiendo esta visita... Tengo varios meses para pensar, rezar, discernir, escuchar al Cardenal Filoni, escuchar el parecer de personas... sin llegar a conclusiones radicales de que "al tercer aviso el toro tiene que ser devuelto a los corrales", abandonando alli gentes y proyectos, pero  tampoco sin tener en cuenta de que hay que pisar el freno, que sin un cardiólogo por los alrededores sera difícil seguir o sin  un Obispo auxiliar que lleve lo mas gordo... o... hay otras posibilidades que Dios nos irá haciendo entender con su saber sugerir entre líneas. Otra vez mil gracias por vuestras llamadas, oraciones, recuerdos, y tantas otras cosas.

Mil gracias a todos. Y  a todos , que Dios nos siga guiando.

+ Juanjo Aguirre 20/05/2015

EN LA BOCA DEL LOBO

09/05/2015

     Acababa de caer un chaparrón tropical, negro y con mucho aparato eléctrico. La selva está preñada de humedad. La gente está contenta porque ya pueden ir a sembrar los cacahuetes. Estoy recorriendo un largo  trozo de pista en el este de Centroáfrica, donde en estos primeros meses de 2015 la LRA se ha regalado a placer con vejaciones, robos, secuestros y otras atrocidades. Se habla mucho de los secuestros del Boko Haram en Nigeria, pero aquí  llevamos viviendo 8 años de calvario y aún siguen más de 300 jóvenes, en régimen de esclavitud, desaparecidos en la selva, "missing" de sus más allegados, desesperación de sus padres y familiares. Hablo con ellos durante toda la visita que dura ya 12 días, itinerante por tierras mojadas y esperanzas rotas. Después de la Misa, me siento a pelar un mango y escucho sus penas. "Se lo llevaron hace 6 años" me dicen David y María, con 13 años". Su hijo!. Ahora dicen que, con 19, lo han entrevisto con un arma en las manos, joven zande con síndrome de Estocolmo, reconvertido a una causa perdida de antemano y capaz de partir el alma en pedazos, la suya  y la de quien pille por delante.

     En estos 12 días no he visto un solo soldado de Naciones Unidas congolés, los que están en esta zona. Dicen que están por aquí para proteger a la población. Su rancho, de más de mil millones de euros al año, pagado por O.N.U., viviendo a cuerpo de rey, es de lo más escandaloso que he visto en Africa en estos años. Un experto de la ONU vino desde Francia hace un mes para decir que éstos soldados están haciendo un "excelente" trabajo, que "merecerían más dinero para poder trabajar mejor". Todos nos miramos de reojo y nos decimos que estamos viendo dos películas diferentes, o que como mínimo, este hombre o está ciego o es un mentiroso consumado. Mi pueblo se muere de hambre y de miedo y estos soldados de la ONU van a su aire, hacen cientos de kilómetros para ir a buscar agua embotellada y precintada. Pocos kilómetros más allá, están los soldados ugandeses. Tanto de lo mismo. Están mejor pagados que en su país. No tienen ningún interés que el "affaire LRA" termine. Me fui de un pueblo llamado Guinekoumba (a quién interesa ese pueblo perdido en la selva? Sólo a mi!) a medio dia. A 15 km me enteré de que esa misma tarde la LRA había atacado el pueblo, robado todo, secuestrado 3 jóvenes como porteadores, creando la desolación y la amargura en todas sus casas. Machacan sólo a los pobres. La gente me mandó mensajes diciéndome que "me habían pasado rozando, que se alegraban que yo  ya me hubiera ido cuando atacaron".  Yo los vi medio escondidos, en la lejanía, cuando me iba de Guinekoumba. Las hermanas me dirían luego que me paseé por los dientes del lobo.

     Todavía ningún soldado ha pasado por alli para enterarse del ataque. Dicen que no han venido a Centroáfrica "para morir por este mísero pueblo", mientras que cobran salarios de órdago, viven a sus anchas y fecundan a cualquier chica que se presente, entre 15-17 años, son sus preferidas, por una lata de lentejas. Ya lo denuncié en otro artículo pero tuvo poco eco. Ahora se habla mucho del tema porque se trata de soldados franceses. Pero también están implicados soldados de Guinea Ecuatorial y chadianos, pero ya os digo que he sido testigo de lo que hacen en Nzacko los ugandeses o los congoleños en Bangassou. Carne fresca desesperada, que te deja entrar y desahogarte a cambio de una lata de sardinas. Se habla mucho de un grupo de franceses en el campo de desplazados de Mpoko, el aeropuerto de Bangui, pero de otras nacionalidades están también de esta mierda hasta el cuello. Por cierto que las latas son "made in Alicante" y llegan a través de los Emiratos Arabes. Negocios de millones de euros, que luego algunos usan para tirarse a los blancos más frágiles. Con ellos he hablado y me lo cuentan. No os escribo de oídas. Mientras, en Bangui, lleva varios días celebrándose el Forum de la reconciliación, 600 personas venidas de todo el país, para abrir vías de paz. Llevan discutiendo en sesiones maratonianas sobre el mucho mal que se ha hecho por Selekas y anti balakas, por haber hundido Centroáfrica en un pozo sin fondo y sobre las vías de salida del túnel para preparar unas elecciones a condición de que los muchos  guerrilleros armados dejen el bandidaje y dejen el resto de la población en paz. Ardua tarea! Ojalá no que todo al final en papel mojado! Basta salir a 12 km de la capital, para darte cuenta de que estamos aún muy lejos de una convivencia pacífica, que las barreras siguen en pié abusando de quién las quiera pasar y que la inmensa mayoría del pueblo centroafricano, musulmanes, cristianos y animistas confundidos, están hartos de abusos y olor a podrido y quieren simplemente volver a sus  campos y sembrar los cacahuetes, aprovechando esta manta de agua que está cayendo y que fecunda la tierra y les llena de esperanza, a condición de que, desde el borde de sus campos, ningún indeseable les explote la cabeza con una certera bala blindada de un kalasnikoff de  origen extranjero.

Juan José Aguirre, Bangassou 09/05/2015

VOLVER A NACER EN NAVIDAD

Diciembre 2014

     En el mes de noviembre, viendo cargar los contenedores, pensaba en la gran cantidad de buena gente que ayuda a la Fundación Bangassou. Ahora desde África, a todos, los que estaban y los  que no, les deseo una ¡¡Feliz Navidad!! En el pesebre, la familia de Nazaret fue quién peor lo tuvo. Si preparáis un belén, poned a muchos inmigrantes como pastores, pues son ellos quien ahora peor lo tienen. Invitad también a alguno al mercadillo. O a compartir un décimo, pues vivirán de esperanza hasta el día del sorteo. Los que han tenido la suerte de "no ser devueltos en caliente", que al menos tengan una Navidad sin sosiegos ni quebraderos de cabeza. Todos han escapado de las condiciones inaceptables contra la decencia que vivimos aquí por el Sur del mundo, en Centroáfrica, en Liberia o en  Sierra Leona, sin ir más lejos.

     Preparando a primeros de diciembre las piezas de su belén, el padre René, el párroco en uno de los barrios más calientes de Bangui, vio como un grupo de mocosos armados de machetes le quitaban el coche a uno de sus parroquianos. Pensó que, aunque de lejos, aquellos harapientos, sus pechos coronados de gris-gris mágicos  y pociones antibalas, le sonaban de algo. Como si sus caras y sus bocas de labios prietos, con esa determinación que da el ser muchos y amedrantar a empellones, las hubiera visto un día en el coro de su Iglesia, saqueada desde hace un año un día sí y otro también. Colocando las rocas del portal y el cristal para dar profundidad al arroyo, preguntó al grupo de gente buena, enemiga de violencias y transgresiones con quién trabajaba, si en esta Navidad de 2014, fuera posible acercarse a esas "lagartijas" de rabo cercenado a machetazos unos meses antes y  ahora maquinando sus venganzas, mirarlos a los ojos y decirles: vamos a volver a nacer, como el niño entre pajas, pues el ojo por ojo nos llevará directamente a quedarnos todos ciegos. En esta Centroáfrica desvalijada de hace dos años desde el pelo hasta las uñas de los pies,  con heridas podridas en el tejido social de pronóstico difícil de restañar, la del Padre René no era una apuesta fácil. Guiado de la audacia que da la fe, se encontró con ellos en la cueva de su botín, por todo el barrio conocida. Me contó que fue unas semanas después, en el tercer domingo de Adviento, aquel que la Iglesia llama, de la alegría, porque pronto llegará Aquel que será para todos una Liberación, una esperanza que se colará imparable por entre las rendijas del desaliento, cuando aquellos jóvenes pidieron públicamente perdón, arrojaron sus cascabeles mágicos al suelo, los canjearon por un rosario y  volvieron a nacer a la ternura de la fe. Os parecerá demasiado simple, casi de ficción ese desenganchar venganzas cosidas a machetazos, pero así me lo contó el padre René.

     Estar preparando el portal de Belén a pesar del agrio olor de la violencia es como rizar el rizo. Ahora mismo estoy escuchando los niños de la Catedral que ensayan la obra de Navidad, porque aquí, el 24 por la noche no hay comida familiar sino misa de la comunidad, y además, no se lee el evangelio del nacimiento de Jesús: simplemente se escenifica. En  casa de mi madre, en Córdoba, desde cuando aún vivía mi padre, leemos el prólogo de San Juan  rodeados de una hermosa vela, como la de un nazareno que estuviera siguiendo la imagen del Esparraguero de Córdoba.  Luego, cuando se llega al párrafo que dice: "Dios plantó su tienda entre nosotros" (Jn 1,14), los niños más pequeños aprenden a  encender otra velita que aguarda junto a sus platos en señal de acogida al príncipe de la Paz,  con ellos los demás adultos.

     Me creo lo que me contó padre René porque yo mismo en Bangassou seguí otro caso. El de un huérfano de 16 años acogido en "Mama Tóngolo" (Mama Estrella") hacia el 2010  que, con la llegada a la ciudad de los temidos Seleka, se unió a ellos, obnubilado por la ristra de balas que condecoraban sus pechos, y saqueó almas pegando bandazos por los barrios, sin más escrúpulo que el de robar a sus anchas y sin más asidero que el recuerdo de su abuela que se desangró luchando para que él pudiera agarrarse a la vida cuando todavía era niño. Tal vez, el de su abuela, fuera ya el único pedazo de amor que le quedara en el cuerpo. El día que vino a la misión con un grupo de rebeldes chadianos, el kalasnikov a media asta y la mirada de acero apuntada sobre mí, sólo tuve que preguntarle: "¿Cómo está tu abuela?" para que, avergonzado y roído por su propia ingratitud, bajara los ojos y el arma al suelo. Sólo tuve que decirle: " La semana que viene empezamos la escuela: te esperamos", para que abandonara aquel grupo de bandidos desnortados. Tardó varios meses en encontrar un hueco en la sociedad de Bangassou pero también él volvió a nacer.

     Como el hijo de la viuda de Naín, también volvió a nacer mi coche RAV 4 una vez que los Seleka lo habían robado, dado tres vueltas de campana, desencajado y destripado, cuando, con un grupo de jóvenes cristianos  y musulmanes, empezamos un proyecto de soldadura. La chapa de mi antiguo coche fue cortada, esta vez con esmero, soldada a otros herrajes para hacer esquelas funerarias católicas y protestantes. Mi coche volvió a nacer en aquellas esquelas de cementerio, como el buey y la mula vuelven a decorar el misterio de la Navidad, vida para dar luz a la muerte, proyecto de futuro para esos jóvenes que con las chapas del coche destrozado van a aprender a soldar hierros.

     Vuelve a nacer, con la Navidad, la esperanza de que la violencia se pare en este país donde vivo desde hace 34 años, de que se pare la muerte aunque casi estemos olisqueando el virus del ébola que  tenemos a dos centímetros en el mapa y a mil kilómetros en línea recta. Volver a nacer en una piel nueva. Volver a salir de vientres de odios para nacer a espacios de paz. Volver a dar la mano a un inmigrante perdido, a dar cobijo a una loca acusada de brujería. Quemar 8.000 armas de guerra como hicieron ayer en Bangui las fuerzas internacionales es un símbolo de un nuevo nacer. Esperanza para el mañana. Volver a nacer el día de Navidad en una fiesta gigantesca de mandioca y gacela para todos los comensales más pobres de la ciudad, volver a engendrar esperanza allí donde ésta ya no está de moda, de tanto caer en desuso. Pero como dicen todos y  todas en la Fundación Bangassou: cuando se termina la esperanza queda... la esperanza de volver a tener esperanza.

      Diciembre 2014

 Juan José Aguirre Muñoz

Obispo de Bangassou (Centroáfrica)

RELATO ACTUALIZADO DE LA SITUACIÓN EN RCA

15/09/2014

     La MISCA está compuesta por 6.000 soldados. Vienen del Congo democrático (los que tenemos ahora en Bangassou), de Burundi, de Congo Brazza, del Camerún y del Gabón y acaban de convertirse en "cascos azules" pagados por la ONU, una vez realizada un sencilla operación de maquillaje como es la de cambiar casco y brazalete. Será 7.500 cuando lleguen marroquíes, del Bangladesh y paquistaníes. Pocos para tanta superficie que controlar por pistas en donde se van a quedar atrancados.A primeros del mes de Agosto 2014, una noticia salió a la luz en RFI (Radio Francia Internacional): soldados congoleños de la MISCA, en Centroáfrica desde primeros de 2014, habrían supuestamente violado jóvenes mujeres de Bambari. La noticia era acompañada por el testimonio de una joven de Bambari en donde daba a entender que sí, que era cierto, pero mitad-mitad, que por una parte estos soldados, alejados de sus casas y sus familias desde hace meses tenían muchas ganas de "desahogarse" con quien fuera y, por la otra, que ella, la joven, vivía tan empobrecida después de que Bambari sea casi una "ciudad muerta" desde el mes de Julio en que fue violentamente atacada, que, una lata de judías con bacon le basta para alquilar su cuerpo un ratito a quien se lo proponga.

     El conflicto centroafricano, dicen los mismos Seleka que lo provocaron hace dos años, fue detonado por la pobreza en que vivía la población del norte del país, sin escuelas ni hospitales, sin que se les tuviera en cuenta por pertenecer a dos etnias (Runga y Ngoula), en su mayor parte de religión islámica, una zona con petróleo en su subsuelo y decenas de pajarracos revoloteando en círculo para ganar ese mercado y poder hincar sus afiladas garras.

     Pienso que, con lo que se ha gastado cada día en mantener a la MISCA, a los franceses de la SANGARIS, a los UPDF ugandeses, pagados por EEUU e incluso a los EUFORT españoles y de otras nacionalidades..., todo sumado hace una cantidad faraónica, enorme, suficiente para erradicar la pobreza 100 veces en Centroáfrica y de paso asfaltar la única carretera que existe desde Bangui pasa por Bangassou y llega hasta la frontera con el Sudán. Esa pista, que ahora es de tierra batida y fango y ha dejado cientos de veces a  nuestros camiones y containers durante semanas enteras dentro del barro hasta el radiador, nunca ha sido asfaltada desde hace 34 años que vivo en este país.

     Recuerdo una película de Buñuel, "La vaquilla", en donde un grupo de soldados republicanos llegan empujados por el argumento de la película, a un pueblo y a un prostíbulo. En dos minutos, todos intentan retozar y desahogar su sexualidad, con aquel grupo de mujeres que se les ofrecían por pocos céntimos. Estamos viendo lo mismo en Centroáfrica, también en Bangassou, con unos soldados en ayunas de mujeres durante meses y un grupo de jóvenes hambrientas, mirando de reojo las cajitas verdes de subsistencia (2 latas, 2 azúcares, café, galletas, mermelada de manzana y una barra de chocolate, por cierto, todo "made in Alicante") y arriesgan de cogerse el Sida, destrozar su dignidad y aguantar de ser violadas en grupo, por menos de una de esas cajitas verdes: basta una lata de lentejas con media hamburguesa. ¡¡Qué difícil, para los civiles, es vivir en una guerra!!

     Muchas veces, en clima de guerra, hay desgraciadamente miles de violaciones de mujeres y niñas, muchas veces delante de sus maridos o padres, como signo de dominación, como arma de guerra. Lo hemos visto sobretodo en el Congo Democrático. Pero otras muchas, la violación es consentida a causa del hambre y va enjaezada con promesas, deudas atrasadas, discriminación y violencia de género. Incluso a miembros de ONGs muy conocidas, les he visto entrar en este enredo macabro. Hacer noticia de la violación de una mujer, con tanta violencia como hay en África, es normal para un periodista. A saber lo que pueda estar pasando con tantos cascos azules dispersos en tantas guerras en el planeta. Lo que éste nunca podrá contaros es lo que pasó en Bambari a mitad de Julio 2014, cuando un  grupo de enfurecidos Seleka hizo creer a la población de Bambari que dos anti-balaka, que habían cometido dos asesinatos unas horas antes, se habían confundido y disimulado, mezquinos ellos, con la multitud de 8000 desplazados internos que ocupaban el obispado de Bambari, San José. Que, llevados por la ira, los asaltantes tiraron varias granadas entre la gente acampada, tiritando de miedo en el césped de la casa del prelado. Que tiernos trozos de cuerpos y restos la humanidad despedazada saltaron por los aires y salpicaron a una joven mujer escondida detrás de un muro, una novicia de la casa de acogida de la misión, que una de sus amigas fue decapitada por la multitud y solo más tarde encontraron su cabeza sobre el tronco de otra persona muerta... Basta! No puedo seguir porque lo que cuento en cierto pero es también  degradante y nos mancha a todos como humanidad... ¡¡Ojalá la guerra nunca fuera la solución para los conflictos!! En mi zona más de 200 personas han sido degolladas entre julio y agosto de 2014 por islamistas y anti-balakas enfurecidos e histéricos, sin salir en la T.V., como lo fueron unos días más tarde unos pobres periodistas y un cooperante británico vestidos con una impoluta túnica naranja que minutos más tarde sería salpicada por su propia sangre en una brutal e inhumana decapitación. En Bambari, unas horas más tarde (aunque estaban a 5 minutos de allí) llegaron al obispado los congoleños de la MISCA y pusieron orden en aquel gallinero ensangrentado. Fue aquella noche cuando, todavía algunas de las jóvenes en estado de shock, un soldado congoleño, supuestamente le  enseñó a una de ellas la lata de lentejas con media hamburguesa y le propuso los matorrales como sitio más discreto para ganársela (para ella y para su familia). Sencillo como el agua: yo te doy y tú me das! Legal como el derecho mismo pero asqueroso desde el punto de vista ético, aprovecharse de las lentejas del rancho pera "echar un polvo" a alguien en estado de shock y que además no come algo sólido desde hace días.

     Curiosamente, esa noche una Suzuki de Bangassou entró en Bambari y, sin saberlo, entró en una refriega de tiros cruzados de la que pudo escaparse tan sólo con una "herida". Si no, miren la foto, la "medalla de guerra" que se llevó, gracias a Dios, sin más desgracias personales.

 

+ Juan José Aguirre Muñoz

Caritas une: un puente con Centroáfrica

30/06/2014

     Tardas menos en romper un puente que en construirlo. Bangassou es una diócesis inmensa llena de riachuelos y corrientes. Por lo tanto, también está llena de puentes que los cruzan. Puentes y puentecitos. De sólo dos troncos o elevados y enteros. Un puente une dos orillas. Es una verdad de Perogrullo, pero las dos orillas tiene que unirlas alguien y el que posibilita la unión tiene siempre su lado amable mientras que el que provoca la desunión huele a mal bicho. Hace un año, un grupo de vándalos armados hasta los dientes cruzaron el puente que une el resto de la diócesis al poblado de Selim. Un puente de 15 metros, muy alto sobre el río. Tirando ráfagas de metralleta, sus más o menos 1000 habitantes huyeron despavoridos. Los ocupantes de los 3 Toyotas descapotables vieron la multitud escapando río arriba o tirada entre la maleza, tiraron contra los rezagados hiriendo a muchos y prendieron fuego a las casas de esa pobre gente. Más de 100 casas quemadas. Quemar las casas como arma de guerra cuando no llegan a violar las mujeres en masa en presencia de sus maridos. El fuego no solo consumió los techos de paja. Arrasó sacos con semillas, camas y mosquiteras, ropas y colchones, todo. Cuando una choza se quema, todo lo que hay dentro queda incinerado.  Sólo queda al final un esqueleto negruzco y humeante, testigo mudo de la fuerza del fuego y de la inclemencia de quien lo prendió.

     Por el mismo puente por el que entraron, huyeron de Selim aquellos criminales y la dejaron en la desolación y en el llanto. Suerte tuvimos que no lo quemaran también. Un puente es como el dintel de una puerta: todos pasan por él para entrar y también cuando salen. Ese mismo puente, vio llegar un año después, el 15 de abril, el camión de la misión financiado por Caritas española. Si destartalado estaba el puente, no menos lo estaba el camión después de hundirse en socavones de un metro y medio rebosantes de fango fétido, típico de nuestra estación de lluvias. Esas lluvias que tanto bien harán a las cosechas son las mismas que hacen de los caminos de la selva un calvario interminable.  A una media de 10 km a la hora, cargado de láminas de bambú, prensadas y alisadas para impermeabilizar los techos de las chozas, llegó nuestro Mercedes. No sólo. Porque debajo venían los sacos de grano de cacahuetes, listos para distribuir a los grupos de agricultores, en su punto para hundir en la tierra empapada de los campos, para pudrirse y germinar, para hacer brotar una mata con 10-12 granos de cacahuete si la cosecha es buena, o incluso 18-20 si ésta es excelente. Dijimos a las familias de coger las cenizas de la paja quemada de sus casas y fertilizar los campos con ellas. Así, testigos del fuego asesino, las cenizas podrán convertirse en la vida del grano. Después de Selim, fuimos a Dembia, luego a Kendo. La gente reconstruyó miles de chozas. Cientos de grupos de agricultores se dividieron las semillas y decenas de éstos recibieron también aparejos de labranza. Ahora ya estamos demasiado dentro de la estación de lluvias, hemos aprovechado varios meses pero ya es hora de pararse. Completaremos el proyecto más tarde, cuando llegue otra vez la hora.

     Así que, cuando un nutrido grupo de mujeres de Selim atravesó el puente, el dintel del pueblo, para venir a Bangassou y apuntarse a una plataforma de mujeres por la paz, comprendimos que ya no quedaban ascuas encendidas, ni en Selim ni en sus corazones, y que el viaje más largo no era el de Selim hasta Bangassou, sino el de engendrar la Paz desde sus cabezas hasta sus corazones. 800 mujeres de todas las religiones y sectas confundidas gritaban por la paz en Centroáfrica. Gritaban, en una marcha a través la ciudad, contra luchas y ataques clandestinos de selekas y anti-balakas que hoy siguen sembrando la desunión y el  odio por todas las regiones, provocando miles de desplazados internos que se esconden desde hace meses en parroquias y templos protestantes y el éxodo de miles de musulmanes hacia el Chad o el Camerún. Estas mujeres pidieron que se pasara página, que se ahuyentaran las represalias, que se olvidaran las cuentas pendientes,  rezaron todas juntas y cantaron para que las razones del corazón no se entrechoquen con el espíritu de revancha. Al fondo de la Catedral, un grupo de mujeres de religión islámica, chiitas y sunitas confundidas, se sentaron sobre sus esteras, el rostro cubierto y la mirada baja, para pedir la paz al único Dios de la misericordia. Cantaron con todas ellas, rezaron a alta voz cuando les llegó el turno y entonaron una canción católica muy conocida que puso a las 800 mujeres de toda la catedral en pie. Todas están de acuerdo para que Selekas y anti-balakas sean desarmados por las fuerzas militares que han llegado (entre ellos de España), pero, sobre todo para que sus maridos, sus hijos, sus novios, sus nietos y todos los violentos se dejen desarmar no sólo los machetes por fuera sino también, lo más difícil, el odio del corazón.

 

      

 

 

 

 

 

Espirales de violencia

Abril 2014

     Una espiral puede ser algo simpático o curioso cuando se trata de humo, o cuando se forma una tirando la serpentina. Cuando, sin embargo, se trata de una espiral de violencia que acarrea otra de muertes y sube y sube hasta que se pierde en el infinito, hay de mi, la adrenalina hiela por tus  venas y el pánico amordaza los sentidos. Hace unos días que he vuelto a Centroáfrica y el toma y daca infernal es horrible. Las tres semanas que he estado fuera había bajado el número de muertos por día, de decenas a unidades, lo cual, magro consuelo, no llega a ser un grandísimo desconsuelo, siempre que hay muertes de por medio. El Papa ha hablado de Centroáfrica ya en varias ocasiones, pidiendo que impere la cordura, que cesen las venganzas y se llegue a una tolerancia que posibilite tanto a los musulmanes del país (antes el 15%, ahora creo que lleguen al 7 u 8%) como a los no musulmanes a vivir en paz, pues vida sólo hay una en esta tierra, que no tenemos otra de recambio como la rueda de repuesto del coche. Los tres líderes religiosos de Centroáfrica, el arzobispo, un pastor protestante y el imán de la mezquita central, han peregrinado a Naciones Unidas, a la conferencia episcopal americana, a decenas de sitios e incluso hasta el mismo Papa Francisco, para denunciar la violencia ciega que toca una parte de la población de Centroáfrica. La otra parte, la más numerosa, sigue escondida en Iglesias, templos y mezquitas, como frágiles peones de ajedrez en la lenta espera a que una torre les estalle en la cara en forma de granada. Muchos musulmanes han encontrado refugio en misiones católicas y allí rezan y lloran por tantas pérdidas humanas y desgracias acumuladas desde hace un año a causa del caos en que está sumido el país desde marzo de 2013, mes de la llegada del gobierno fundamentalista Seleka, que quería convertir el país en una República Islámica. Estos seleka han sido nefastos para Centroáfrica. Tantos musulmanes callaron ayer y hoy los más radicales les pasan la factura. Una factura envenenada y, desgraciadamente, ensangrentada.

     Este reconocido triunvirato de líderes religiosos está gritando a los cuatro vientos que la violencia es un camino ciego que no conduce a ninguna parte. Pero todos sus mensajes parecen ser tenues espirales de viento que apenas rozan los oídos sordos de los violentos.

    Porque desde el mismo día que llegué las cosas se han disparado. Hace 4 días un grupo de vándalos atacaron el barrio musulmán del Km 5, donde está la maltratada parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en donde un millar de musulmanes se esconden incapaces de ir a ninguna parte porque francotiradores impunes les cazan al vuelo como a perdices y allí mataron a cuatro personas. Otra espiral más, esta vez de impunidad, porque se puede linchar y machetear a alguien sin que ese acto asesino vaya a ser nunca juzgado por nadie. La respuesta fue anteayer, cuando otro grupo de vándalos, esta vez musulmán, tiró una granada en medio de una celebración mortuoria, seguida de varias ráfagas de metralleta provocando decenas de muertos y heridos, justamente en el barrio de Fátima. Una monja vino ayer a darme una carta y me dijo que su taxi tuvo que hacer un giro porque un cadáver, seguramente un ladrón ajusticiado, le cortaba el camino. La espiral ha seguido su macabro juego y hoy mismo pues un grupo de militares Seleka ha entrado, como una manada de búfalos,  con una decena de coches bien pertrechados y ha tirado una espiral de ráfagas asesinas contra la multitud, como vemos en la t.v. que sucede en Bagdad o en Ohm, provocando otras decenas de muertos y heridos, mucha gente inocente que pierde la vida por la obcecación de los que quieren tan solo sembrar la muerte. Los musulmanes del oeste del país se han reagrupado en Boda para defender su monopolio sobre el comercio de los diamantes que los no musulmanes les quieren arrebatar. En el norte, los musulmanes han atacado la misión católica de Ndele hace 15 días, han expulsado a los sacerdotes y quieren que los no musulmanes de la etnia Banda, que son decenas de miles, abandonen sus campos y sus hogares, sus tiendas y hasta las tumbas de sus seres queridos porque una espiral de intolerancia les ha zarandeado y quieren que toda aquella región sea sólo para ellos.

     El 5 de abril viene a ver qué está pasando aquí el mismísimo Ban Ki Moon. Quiere saber porqué los 7000 soldados de la fuerza africana y los 2000 franceses no consiguen parar este shunami de horror.

   Mientras en el este, en la zona de Bangassou donde yo vivo,  un comité de mediación ha conseguido que, por el momento, las diferentes comunidades y religiones convivan en paz. Cuánto durará esta pompa de jabón? O es que una espiral de contagio acabará sembrando la duda y metiendo fuego allí donde, por el momento, hemos conseguido poner moderación y sentido común? Qué pasará mañana en Bangui? Quién atacará primero? Dios, qué nos dices para sembrar un poco de sensatez hasta darnos cuenta que el "ojo por ojo" nos llevará tan sólo a quedarnos todos ciegos? Mete, con tu gracia, una espiral de sentido común, porque la de violencia y muerte sólo conduce a más violencia más muerte.

El expolio del Greco y del alma centroafricana

9 de febrero de 2014

     Veo que andáis recreándoos con exposiciones de la obra del Greco y entre ellas, quien lo desee, puede plantarse y mirar dentro de los ojos de aquel Jesús del "Expolio", uno de sus cuadros más famosos. Manos asesinas por todos sitios lo rodean, gritos e insultos. Le están robando su túnica roja para dejarlo en cueros y romper el alma de alguien que ha pasado por el mundo tan sólo haciendo el bien. Aparte de sus ojos límpidos buscando el consuelo del cielo, todo el cuadro supura violencia.

   Hoy, día 09 de febrero, en Bangassou teníamos preparada la fiesta del 50º aniversario del nacimiento de la diócesis en 1964, pero, otra vez, la violencia que  infecta Centroáfrica nos han aguado la fiesta (que posponemos próximo al 15 de Agosto). Con tanto fanatismo desatado como las grandes olas que bombardean sin misericordia la costa del Cantábrico, no estamos para fiestas.

     Si hace un año la población no musulmana de Centroáfrica (el 70%) era brutalizada sin piedad y estuvimos solos aguantado mecha y pólvora (sin ONGs ni militares franceses o africanos  parando con sus escudos las estocadas de los rebeldes islámicos fundamentalistas Seleka), hoy pasa el contrario. Ni los militares recién llegados, ni el buen hacer de las ONGs pueden frenar el linchamiento de la población musulmana (el 15%). Convertida equivocadamente en una sola  pasta con los Seleka  familias enteras huyen de la quema, atacados directamente y decapitados o escapan temiendo por sus vidas hacia el Camerún (unos 17.000 hasta hoy) o hacia el Chad (unos 60.000 ya han pasado la frontera), muchos para no volver nunca jamás porque aquí lo han perdido todo como Bangassou perdió casi todo hace un año. Son acusados, adultos y niños (¿), de que durante las masacres de hace un año muchos musulmanes se  callaron y se convirtieron así en culpables, creyendo incluso, los más iluminados, que Centroáfrica podría convertirse en una República islámica. Es un éxodo vergonzoso. Aunque también hay mercenarios Seleka, casi todos los civiles, aunque sean de origen chadiano, son musulmanes centroafricanos, nacidos aquí. Sus mezquitas han sido destruidas, sobre todo en Bangui, la capital, como lo fueron algunas de nuestras Iglesias y templos protestantes hace un año. Todo este descabellado y sangriento ajuste de cuentas lo ha producido la llegada de los Seleka en diciembre 2012. Las humillaciones, que tantas veces he denunciado, de este pueblo mártir, se vuelven ahora contra los Seleka y, por contagio, contra todo lo que huela a musulmán. Pero no creáis que es este pueblo "mártir" el que trama episodios espeluznantes como el que habéis visto en la prensa hace unos días de un musulmán  linchado en plena calle por un grupo de militares FACA, apenas reintegrados a sus puestos una hora antes, befado después de muerto y apuntillado como un carnero con el punzón de un odio acumulado por un año de vejaciones. No. El pueblo llano de Bangui, sigue refugiado desde el 5 de diciembre en algunas de las 25 parroquias de Bangui, siguen rezando para que termine de una vez este vergonzoso tsunami de violencia y llorando familiares difuntos, que han sido legión. Los grupos anti-balaka ( formados en su mayoría por jóvenes no musulmanes y antiguos FACA, Fuerzas Armadas de Centroáfrica,) son los que ahora quieren vengar a inocentes pisoteados por los Seleka. Lo hacen de manera absolutamente indiscriminada e injusta, cortando cabezas y gargantas, acuchillando niños, linchando a gente que tiene la mala suerte de caerse de un coche después de un control,  encaramado encima de la cabina... Reciben las armas (nos tememos de quién) y ejecutan sin discriminación. No escuchan los grupos de mediación que ya nacen por todas las regiones para pedir contención, que no paguen justos por pecadores, que el TPI tiene ya en su mira a los altos cargos Seleka que nos llevaron a tanto despropósito, que hay que "pasar página" si no queremos entrar en una espiral de violencia que no conduce más que a la autodestrucción.

     Si descarnadas fueron las imágenes que visteis en la prensa el otro día, no dejéis de preguntaros quién nos llevó a todo esto. Vemos el árbol cargado de fruto en primavera pero nadie piensa en las raíces que le dieron vida. De la misma manera, vemos en la tele frutos podridos como el de un pobre viejo, llevado a horcajadas en sus espaldas por su sobrino, escapando de los bombardeos en la ciudad de Homs (en Siria), o vemos ese espectáculo patético de nuestra policía "tirando a matar" en la playa de Ceuta, aunque fueran pelotas de goma, sobre inmigrantes subsaharianos que huyen de todo lo descrito arriba (¡habrá otra manera de hacer las cosas, digo yo!), sin buscar las raíces. Creo que después de oler ese tufillo a podrido debemos preguntarnos por las causas que lo han producido. Concretamente, pensando en la invasión de Centroáfrica, injusta y feroz, por estos mequetrefes de la coalición Seleka, muchos de ellos chadianos y sudaneses, creo que detrás de ellos, en la sombra, están grupos de poder islámicos, de tendencia yihaidista, alimentados económicamente por países del Golfo (muchas veces por simples donantes que creen dar su dinero para la "expansión del islam" como escuelas coránicas o la formación de imanes en escuelas apropiadas, de tendencias sunitas o chiitas, según provenga el cheque...) que les pagan desde el entrenamiento en el desierto hasta los turbantes, por no hablar de coches y armas.  La conclusión es la brutalidad de esas imágenes de la prensa del otro día, el tejido social y económico de todo un país despellejado y roto, un pueblo con el alma destrozada, dividido por la religión cuando llevan decenios juntos, a causa de la cizaña apenas sembrada por un atajo de incompetentes, apoyados desde un "santuario" en el sur sahariano de  Libia, un país que también Europa ayudó a pulverizar y de un Chad que juega con varias barajas para ganar poder en la zona.

     Difícil mirar al cielo con ojos cristalinos, como el Cristo del expolio,  cuando te están abriendo las carnes por delante y por detrás. En Bangassou llevamos dos meses de tregua, apagando fuegos con un grupo de Mediación interconfesional, en donde los musulmanes se sienten apoyados. La prensa no habla que justamente ahora, muchos musulmanes también se refugian en las parroquias, incluso en el arzobispado. Si bien, en cuanto vuelva la calma traeremos los coches de ocasión que acabo de comprar para "reconstruir" Bangassou (aunque muchos curas y monjas se quedarán sin ellos y muchos cristianos de las capillas más alejadas sin la Palabra que los consuele),  y ya hemos reconstruido edificios saqueados, lo difícil será reconstruir los corazones rotos y consolar las almas destrozadas. Para eso sólo hay que mirar al cielo, como el Cristo del Expolio.

               + Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou

                                      09 febrero 2014

Navidad y fin de año en Centroáfrica

7 de enero 2014

     ¡¡Pobre Centroáfrica, no ya al borde del precipicio, sino bien dentro!! Ni la misa de Navidad, ni las fiestas de Año nuevo han hecho parar el crepitar de las balas ni han atenuado el miedo de los indefensos, mordidos sin piedad por los dientes de una violencia indiscriminada. Ya sabéis que Centroáfrica fue "conquistada" por un grupo islámico (Seleka) desde hace un año, más o menos enero 2013. Ya expliqué en otros artículos cómo en un solo año han llevado el país a la ruina, has destrozado los edificios gubernativos, han atacado  y saqueado sin piedad las misiones, también la nuestra de Bangassou, han desmigajado un pan horneado con el trabajo de muchos años. No me canso de decir que éstos rebeldes de lengua árabe y turbante nos han robado casi todo menos la fe. A principios de diciembre, casi un año después, hemos visto que muchos de los miles de mercenarios chadianos y sudaneses que los acompañaban en la odiosa ida, se volvían a casa,  llenos sus petates de ilusiones rotas y teléfonos portátiles robados. El pueblo centroafricano, durante 10 interminables meses, ha sido como un escuálido sparring con guantes de juguete delante de un gorila sin escrúpulos, recibiendo golpes sin verlos venir e incapaz de escabullirse del cuadrilátero. Sin mercenarios,  los Seleka se quedaron en posición de vulnerabilidad y el pueblo llano, los que han aguantado pisotones, moratones, pillajes y violaciones sin número durante este tiempo, se han envalentonado y atacan los Seleka por todos los flancos.

     El mes de diciembre 2013 ha sido caótico: centenas de miles de desplazados, cientos de ejecuciones, rapiñas y violencia  contra barrios de musulmanes, sobre todo en Bangui, la capital y en el norte, en ciudades como Bossangoa, Bouca, Bossanbele...

     Visto el baño de sangre que se venía encima el 5 de diciembre pasado, (me pilló por casualidad en Bangui y me metí sin quererlo en un "fregao" en donde las balas pasaron rozando mi coche), el país necesitó ayuda de militares franceses y de otras nacionalidades (MISCA) para sosegar esa sed desenfrenada de venganza. Los dos bandos estaban bien delimitados. Por una parte los Seleka, en su mayoría musulmanes. Pero eran confundidos con todo musulmán, el 15% de los centroafricanos, haciendo una amalgama tan  injusta como horrible para mujeres, niños y ancianos. Por la otra, los no musulmanes, metidos en una olla que llamaron anti-balaka,  que RFI, Francia 24 y otros medios, mal llamaron "cristianos", y que realmente es un grupo heteróclito no musulmán, compuesto por jóvenes que demuestran su hartazgo de los abusos repetidos durante 10 meses de "reinado"  Seleka. Movidos por histerias colectivas y unidos  a piratas ocasionales, ese 5 de diciembre los anti-balaka  empezaron con una violencia indiscriminada que los militares (llegados a prisa y corriendo) se veían incapaces de parar. Dos soldados franceses y otros africanos pagaron con sus vidas el intento.

     Hoy día, 7 de enero de 2014, las cosas en Centroáfrica están estancadas. Un sentimiento de impotencia planea sobre nuestras cabezas como la densa neblina de las mañanas que te impide ver a dos metros de tu nariz. La violencia que hemos vivido desde hace un mes en la capital y en el norte del país, ha sido desmedida y será difícil restaurar lo destrozado: edificios, convivencia inter-étnica, confianza mutua, actividades diarias, mercadillos y costumbres de sociedad... El entramado cotidiano se ha resquebrajado y no hay pegamento para recomponerlo, ni aguja para enhebrarlo, ni dinero para comprarlo nuevo. Tardará años en rehacerse.  Actualmente el país no funciona, los funcionarios no vienen a trabajar, nadie es pagado desde hace semanas y el caos es total. Salvo por algunas ONGs que se mueven para situaciones de urgencia, nadie hace nada, como tetanizados por el miedo. Médicos sin Fronteras están desbordados. A veces, confiesan ellos mismos, paralizados por estallidos repentes de violencia. Difícil hablar en positivo en una situación tan desesperanzadora.

     El consulado español me dice que nos vayamos. Yo le digo amablemente que aquí está nuestra casa, que aquí hemos plantado nuestra tienda, que, aunque de verde descolorido, tenemos "la cara pintada color esperanza". Seguimos aquí con la gente sencilla, sentados junto a ellos para escucharlos y animarlos, porque ellos seguro que no han provocado nada, ni han insultado ni matado a nadie, ni han movido ninguna tecla para hacer estallar nada... Estos viejitos que acogemos en la Casa de la esperanza, ayer acusados de brujería, hoy ya no interesan a nadie, salvo a la Iglesia católica que los sigue cuidando y los mira con ternura. La gente sencilla, las madres de familia que se han refugiado desde hace un mes en alguna de las 23 parroquias de la capital para huir de la quema, ellas y sus hijos simplemente sufren las consecuencias de este zafarrancho de combate generalizado con el 10% de la población blandiendo machetes y kaláshnikov y el otro 90% huyendo y escondiéndose. Seguimos con el colegio abierto para que los niños estén distraídos, aquí en internet (que hemos reconstruido hace un mes después de que los Seleka nos lo hicieran añicos), estamos haciendo cursos de aprendizaje para ocupar el tiempo y que puedan llegar las noticias y las opiniones desde afuera para ser conocidas en Bangassou. El centro de salud funciona normalmente, porque también es verdad que los enfermos de sida en fase terminal no ven retroceder su enfermedad por causas políticas o de guerra de guerrillas. La enfermedad sigue imparable como las hojas del calendario y si no les llegan los antirretrovirales, se mueren. ¡A pesar de que llevamos más de un mes  con la pista cortada y no llegan medicinas, ni carburante, ni alimentos, ni nada de nada, mañana será mejor!

     Mientras, en Bangassou y toda la zona, vivimos en una calma tensa, pero soportable.  Yo he pasado la Navidad en una zona de gente desplazada que han perdido todo (semillas, ropa, camas y enseres) quemadas 400 casas por el fuego de los Seleka. ¡¡Muchas horas sentado junto a ellos escuchándolos y contando sus lágrimas!! Les he dicho que se levanten, que pasen página, que la vida sigue, que recomenzar es la forma de salir. No sentarse a llorar durante meses. Que, como decía el Papa, la Magdalena, cuando tenía los ojos empañados, no reconoció a Jesús, sino que creyó que era "un jardinero". Sin la fe en el Resucitado es difícil aguantar el tirón...

 

     Bangassou, 7 enero 2014  

   

     Juanjo Aguirre, Obispo de Bangassou

Colchones en Navidad

20 de diciembre 2013

     80 colchones. Ese ha sido el regalo de Navidad más abundante que la diócesis de Bangassou ha recibido este diciembre 2013. El Niño Jesús nos regaló también hace poco la liberación de Bangassou de entre las garras de aquel que nos ha pisoteado, violado, maltratado, robado y mancillado sin recato, el famoso comandante Abdallah, al que vimos salir de nuestra villa maniatado para ser juzgado en la capital. Pero 80 colchones son la tira de colchones en su cajita de regalo, un conteiner de 24 metros, todos alineados, encorsetados desde España, sin envolver en papel de regalo, simplemente colchones de navidad. Han sido recogidos por tantos amigos de la Fundación Bangassou, de la Delegación de misiones de Córdoba, de una residencia de estudiantes de Sevilla y de los colegios mayores de la Universidad de Córdoba, para enviarlos a Bangassou, donde los rebeldes Seleka, que atacaron la diócesis el 11 de marzo, se habían encariñado con ellos, con todos y cada uno de los colchones que encontraban a su paso en cada misión, en el seminario, en las casas de monjas y frailes. Todos se los llevaron. No entendemos la fijación que tenían, esos comandos rebeldes armados hasta los dientes, por llevarse de cada sitio y antes que nada, los colchones de la casa. O por estar ellos cómodos o por dejar incómodos a su prójimo. Lo cierto es que, ese objeto tan cotidiano en donde pasamos una tercera parte de nuestra vida, era presa codiciada por los Seleka.

     Hace dos meses, se formó en Bangassou un pandemonio.  Una algarabía de gritos, amenazas, machetazos y dientes largos porque la población estaba harta de la acumulación de humillaciones que los Seleka nos habían ya infringido y el grito de ¡basta ya!, estamos hasta las narices" se tradujo en árboles cortados cerrando entradas y salidas de Bangassou, busca y captura hasta el garrotazo final de todo rebelde Seleka, banderola ninja en la frente y machetes amenazantes en las manos. Aquello pudo terminar en una masacre pero Dios no lo quiso así. Llamamos al gobierno, a las radios, al sagrario  de mi capilla... porque empezaba una caza indiscriminada contra musulmanes, que como todos sabemos, los hay buenos y malos, y algunos estupendos amigos, y corrían el riesgo de entrar en el saco común. Esa noche del 4 de octubre, tres Selekas disfrazados quisieron entrar en Bangassou, en moto, cuando una barrera "ninja" de auto-defensa los descubrió, los desnudó y los maniató con cables de la luz. Una concentración de histéricos vociferantes tardó poco en liarse a bastonazos contra ellos. Tan caldeado estaba el ambiente, que la cosa degeneró en muerte violenta. Nadie quiso entender que Dios nos dijo: "no matarás" y se liaron a palos y machetazos con esos tres cuerpos inertes (que a su vez ellos mismos, dejadme adivinar con picardía el pasado, habían hecho lo mismo en meses anteriores, con otros tantos cuerpos inertes...). Dos de aquellos infortunados suspiraron por última vez a los pocos minutos pero el tercero, un tal Zacarías, musulmán del norte, logró escapar y vino a la misión católica, a la hora en que rezábamos vísperas. Cantando el Magníficat, vimos acercarse por la ventana ese muchacho ensangrentado, en calzoncillos, abierta la frente de un machetazo y el costado de un corte profundo de 20 centímetros... Lo lavamos, le cosimos las heridas (la hermana Pascualina, enfermera, dormía justamente en la catedral con su comunidad por cuestiones de seguridad...), estaba sediento y hambriento, lo vestimos con una camiseta de "sale el sol por Antequera" y una zamarra del Atlético de Madrid y se acostó en una habitación un poco apartada, pero con colchón y sábanas, un mullido colchón que para Zacarías fue un lecho en el paraíso cuando podría, unas horas antes, haber estado durmiendo una muerte eterna en no me imagino qué tipo de colchones que habrá en el infierno. Nadie en la misión abrió el pico. Si lo llegan a saber los ninjas vienen a por él. Ni cocineros, ni centinelas, ni sacerdotes ni el carpintero también refugiado en la catedral dijeron esta boca es mía hasta el al día siguiente que, muy discretamente lo logramos evacuar en un avión que llegaba con militares de Bangui para doblegar la rebelión.

     Hemos cambiado los machetes por colchones. Cada uno con funda nueva como si fuera su papel de regalo. Pero lo importante es que por fin, después de mucho tiempo dormiremos en paz, en colchón mullido y  profundamente, no como las gallinas durmiendo y cacareando a la vez. Sueños alfa y beta continuos, sin pesadillas, porque los ataques nocturnos y las fugas de alta tensión se han terminado. Sólo nos queda por arreglar el tema de la rebelión de Joseph  Kony, que todavía campa por sus anchas, él ya viejo y achacoso, reemplazado por un hijo de 21 años, hirviendo de violencia acumulada. Pero eso ya es otro capítulo. Por el momento tengamos una navidad feliz, navidad de colchones nuevos y sueños de un futuro mejor para este pueblo.

 

                                                           Mons. Juan José Aguirre

                                                             Obispo de Bangassou (20/12/13)

Diciembre 2013

10/12/2013

     Ya es bueno que el vuelo no haya sido anulado por el momento! Air France de esta noche se anuló. Air Maroc de mañana probablemente. Los dos soldados franceses muertos esta noche lo han sido cerca del aeropuerto. Aquí la tensión sigue in crescendo. Se ha dado la vuelta a la tortilla. Los que han sido pisoteados durantes 10 meses, cuando los franceses han desarmado los Selekas, tienen ahora la sartén por el mango, o lo que es peor, la machete en la mano. Muchos comercios musulmanes alrededor de la parroquia de Fatima ( el famoso Km 5) han sido saqueados sin que sus propietarios (muchos de ellos inocentes, otros menos, otros armados hasta los dientes por su acaso...) Los seleka se han ido a los cuarteles o se han mimetizado en la flora urbana. También disimulan sur armas y las usan como esta noche contra los franceses, o matan con arma blanca para no hacer ruído. Los anti-balaka (mal llamados cristianos porque es un conjunto de gente hartos hasta las cejas de los Seleka) atacan musulmanes sin ton ni son. Los que piden la paz son acusados de simpatías con los Selaka. Los de ayuda a la Iglesia necesitada quieren organizar una novena de oraciones de  paz por la Centroáfrica antes de Navidad.

Abrazos,

Juanjo

El hombre propone

5 de diciembre 2013

     El 5 de diciembre yo me las prometía feliz. Después haber acogido y acompañado al aeropuerto de Bangui a un grupo de periodistas y dos cámaras, acérrimos seguidores colchoneros, tocaba volver a casa a Bangassou. El clima político se estaba agriando con la anunciada llegada de soldados franceses. Pero aún así, la noche del 4 me confirmaron que tenía un sitio en la avioneta del PAM (Producto Alimentario Mundial).  Además me concedieron llevar una maleta extra de 30 kilos donde metí 8 breviarios para mis curas (que pesan como un ladrillo) y 3 millones que pude sacar del banco para pagar a los obreros de Bangassou en billetes pequeños, lo cual nos viene muy bien allí aunque pesen como otros 3 ladrillos. A las 6 de la mañana me fui para el aeropuerto con el chófer y el coche de la Maison Comboni, donde vivo cuando estoy en Bangui. A mitad de camino estalló un pandemonio sobre nuestras cabezas: ráfagas de metralleta, tiros de obús, gritos y "saquen este coche de aquí"... Echamos marcha atrás a toda pastilla y nos metimos en el barrio. Dando vueltas como un trompo y con una traca monumental de fondo, llegamos a una capilla. Enseguida se nos acercó una mujer, nos dijo donde medio esconder el coche y nos brindó su casa, su hospitalidad, su oración y su comida durante 8 horas. Parece ser que las milicias "anti-Balaka" (grupos que han ido formándose de los ex FACA, Fuerzas armadas centroafricanas, junto con algunos ex lugartenientes del antiguo presidente Bozizé y un atajo de jóvenes exaltados) atacaron las posiciones de los soldados Seleka en tres barrios de Bangui con fuego pesado y metralletas ligeras. Sobre mediodía los Selekas habían normalizado la situación y los antibalaka se habían perdido en la naturaleza. Casi toda la población de Bangui, atenazada por el pánico, corría a refugiarse a algunas de las 22 parroquias de la ciudad o a otras muchas casas de religiosos/as. Los musulmanes corrían también porque estos anti-balaka están impregnados de una acritud anti musulmana que pone en peligro a ese 15% de la población con quien siempre nos hemos llevado bien. El hecho de que muchos de los Seleka, que a los 10 meses del golpe de estado que los puso en poder han hecho caer Centroáfrica en una situación caótica, sean de religión musulmana, sitúa a muchos otros musulmanes en su punto de mira, aunque sean honestos y piadosos.

     La intentona produjo muchos muertos y heridos, saqueos de viviendas (entre ellas la del propio presidente) y brutalidades varias. Después de muchas llamadas de teléfono, conseguí que el arzobispo de Bangui mandara a buscarme en mitad del barrio con un tanque de soldados cameruneses, típico tanque verde aceituna de los militares, que nos cargó en su seno, a mí, al chófer, y a mis maletas llenitas de hojas di diferentes colores, y nos llevó al Arzobispado, en donde nos recibió Monseñor Dieudonné y el Imán de la mezquita central de Bangui, también él escapando de los extremistas. Acogido con sincera hospitalidad africana, mi habitación daba al patio en donde más de 3 mil personas estaban también llegando, con fardos menos pesados que los míos, pero con niños de pecho, mujeres embarazadas, cacerolas en la cabeza y tanto miedo en el cuerpo porque algunos exaltados del barrio habían saqueado la mezquita hasta las planchas de zinc y  la respuesta de los Seleka y sus kalasnikoff podría ser inmediata. Toda la noche he escuchado sus charlas, sus llantos y preocupaciones, sus murmullos de desconsuelo porque alguien podría estar robando en sus chozas llevándose semillas, colchones y mosquiteras. Un desastre para una familia pobre. Todos tendidos en el suelo, rezando muchos el rosario, aguantaron la noche hasta que llegó un  amanecer nublado y húmedo, que presagiaba la lluvia de 6 horas que cayó durante toda la mañana de hoy, decían ellos, "porque Dios quería limpiar de una vez toda la sangre derramada el día anterior". En efecto, cuando el tanque verde aceituna nos estaba evacuando hacia la otra punta de la ciudad, se veían muchos cuerpos tendidos en el raído asfalto, algunos con signos de machetazos en la frente, regueros de sangre decorando las calles y soldados  en cualquier vericueto del trayecto. Un día apocalíptico para este país tan bello lleno de buena gente que no merece un gobierno tan incompetente.

     Hoy por la mañana la radio anunciaba que Francia quiere acelerar su presencia en este país, que ha recibido el O.K. de la ONU y que vienen a poner orden, cosa que la gente, en general, aprecia muchísimo. Ayer muchos negocios de musulmanes fueron saqueados. En la mezquita del barrio  Km 5, improvisada en una morgue, están los cuerpos de unas 80 personas asesinadas, mientras que los Seleka más extremistas (que son en su mayoría musulmanes) empezaron  ayer y han seguido esta mañana matando a jóvenes cristianos al azar, un poco en todos los distritos de la capital. Solo por el hecho de ser jóvenes y guiados por el mucho ánimo de venganza. Lo que en Bangassou hemos conseguido parar, aquí de ha desencadenado sin freno. Cada parroquia ha acogido a 2000-3000 personas. Esta mañana buscábamos comida para estas personas, pero la inseguridad y la prudencia, en medio de una demencial masacre, nos frenaba a la hora de  conseguir los suministros. Da la impresión de que los hombres de la Seleka tienen miedo de la llegada de los franceses y están tratando de provocar el caos. Esta tarde el Arzobispo y el Imán fueron llamados como testigos de una conversación que iba a tener la plana mayor de la MISCA (soldados de los países limítrofes a Centroáfrica junto a los recién llegados franceses) con el Presidente Seleka avisándole que, a partir de esta noche tirarían sobre todo aquel Seleka que se le encontrara saqueando y no quisiera tirar sus armas. Aprovechando que pasaban cerca de la Maison Comboni, me devolvieron a casa con maletas y chofer incluidos.

     Dos cosas han pasado esta tarde-noche: el chófer fue donde un grupo de Seleka para intentar negociar que nos devuelvan mañana el coche y se encontró al grupo rodeando un joven que "andaba por allí" y era acusado de anti-Seleka. De poco sirvieron sus lágrimas y su petición de perdón. Un seco tiro en la nuca acabó con su vida, sin darse cuenta, cuando aún estaba articulando la palabra perdón desde sus cuerdas vocales hacia su lengua, de que la vida se le iba antes de que la palabra perdón llegara a su celebro. Una hora más tarde, un avión de caza francés rasgó los aires de Bangui, provocando un sonido ensordecedor, pasó varias veces por encima del cuartel del presidente avisando de manera estentórea que habían llegado ellos, que o deponían las armas o se las depondrían por la fuerza. "El que avisa no es traidor", parecía susurrar el piloto francés como contrapunto del ruido de su avión. Mañana veremos si la advertencia trae consecuencias, sobre todo si trae un resultado cálido y pacífico para todos los habitantes de este bello país.

         Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou   (5-6 diciembre 2013)

Lobos y ovejas

9 de septiembre 2013

     Estoy en el comedor de la Catedral de Bangassou. El nuevo comandante de zona ("Comzom"), apenas llegado a Bangassou, se llama Idriss Bertrand. Es un Seleka legalizado. Tiene en sus manos un tazón de café muy fuerte y está mojando una buena rebanada de pan  empapado en chocolate de Costa de Marfil, el mejor del mundo. Es un gigante de ébano, con gafas de profesor universitario y mirada directa. Me está diciendo que el comandante Adballah, "el hijo de Allah", el terror de la diócesis de Bangassou desde el 11 de marzo del 2013, acabada de ser desarmado junto con el resto de sus acólitos foráneos y "lo que ayer era un lobo en Bangassou buscando presas, hoy ya no es más que un cordero". El depredador, con una nefasta lista emborronada con centenares de robos, violaciones, abusos, martillazos a los derechos fundamentales de las personas, etc., ha sido cazado.

     Le contesté que el fruto de muchos meses de oración y de esperanzas se había consumado hoy. Que la esperanza da sus frutos muy a la larga, pero buenos frutos. Ahora tienen que desarmar a tantos civiles cristianos y musulmanes para que la paz y la concordia cuajen. La verdad es que llevábamos esperando esta noticia muchos meses, muchos larguísimos meses de humillaciones acumuladas, latigazos y robos, suspiros entrecortados y oraciones junto a la estatua de María, en la gruta de Bangassou. Pude acompañar a este criminal hasta al aeropuerto, donde se concentró una pequeña multitud porque  iba a ser trasladado con un avión militar junto con sus lugartenientes más feroces para ser juzgado en Bangui. Los 5 acusados estaban derechos, como delante de un paredón invisible, mirando al frente, recibiendo injurias sin  fin. Uno de ellos pidió ir al baño. En plena pista de Bangassou no lo hay, bastan las hierbas altas que rodean el parking de los aviones. Pero ni allí se pudo adentrar por cuestiones de seguridad. Simplemente se alejó discretamente y se acuclilló. Casi de refilón (perdonad mi atrevida curiosidad) pude ver por medio segundo sus piernas color chocolate y sus calzoncillos negros, un fondo negro, reflejo de la negrura de su conciencia. Luego fui a darles la mano a los 5 y desearles buen viaje, tal vez por poner una gota de humanidad allí donde no paraban de llover sapos desde la grada. O simplemente, como suelo hacer a veces, por ir contracorriente.

     Un día antes, el 3 de octubre, estuve en "su" despacho, usurpado desde hacía meses al subprefecto de Bangassou. Fuimos con el Arzobispo de Bangui una plataforma interreligiosa a pedirle la liberación de un preso por el que su mujer nos había pedido interceder. El cacique no nos miró nunca a los ojos, tenía tics nerviosos, buscaba papeles imaginarios, estaba ridículo con una tirita enorme en su mentón, gesticulaba, señalaba, acusaba, se excusaba... Yo miraba una bandera de Centroáfrica puesta sobre su mesa, y en su diminuto mástil donde estaba escrito: "I Love Centrafrique". Me decía a mi mismo lo mal colocado que estaba ese mástil y esa bandera, hablando de amor por un país por el que el comandante Abdallah sólo sentía afán de lucro y desprecio, a costa de pisotear personas pobres y abochornar cualquier atisbo de decencia.

     Aquel día, por la tarde, se desataron las furias de la población de Bangassou cuando se encontraron 5 cuerpos de jóvenes flotando en el río. Habían sido ajusticiados un día antes y sus cuerpos ya estaban hinchados y putrefactos. Se desató una histeria colectiva, machetes en mano y gritos de venganza, se cortaron árboles para bloquear las salidas de Bangassou y hubo desquites contra colaboracionistas de los Seleka. El día de san Francisco, el santo de la mansedumbre, fue un día de una violencia extrema. El imán de la mezquita se escondió en mi coche para pasar una barrera. Los cristales oscuros medio lo salvaron así como el zig zag que tuve que hacer por la selva, entre ramas y troncos caídos. Si esa muchedumbre de 200 jóvenes histéricos, la mayoría católicos y protestantes, lo llegan a agarrar, podrían haberlo matado a golpes de matraca. Hubiera sido horrible para la estabilidad social de Bangassou. A la vuelta, cuando lo dejé a buen recaudo, me dejaron pasar porque reconocieron el coche de Monseñor diciendo que ellos no se atreverían a ponerme la mano encima, que sólo iban a por el imán. Pero un poco más adelante un cadáver fuertemente maniatado me impedía el paso. Me bajé del coche para hacer la señal de la cruz en su frente. Los jóvenes me dijeron que era un traidor ("traitre" en francés) pero yo les dije que antes que nada era un ser humano (un "être humain") y que Dios nos dijo: "no matarás".

     Fue entonces cuando uno de mis sacerdotes telefoneó a la presidencia y desde Bangui fueron enviados por avión dos docenas de soldados profesionales que colocaron a cada uno en su sitio, desarmaron a los Seleka, obligaron a deshacer las barreras, y a poner paz. Luego fue lo de la detención de Abdallah, el acontecimiento del aeropuerto y los 5 Selekas esposados y extraditados a la capital.

      Ahora queda lo más gordo: traer la paz a los corazones y esto es obra de Dios y de una "miajita" de buena voluntad por todas partes. Curar heridas, pedir perdón, voltear la página y empezar de nuevo... Y juntos, volvernos a otear el horizonte por si llegan los criminales de Joseph Kony que siguen vivitos, coleando y dando guerra. La vida ya es muy corta en África y hay que vivirla, que no tenemos otra de repuesto como la rueda de un coche.

                                                                                                         

                                                        Bangassou 09 septiembre 2013

                                                  Juan José Aguirre, Obispo de Bangassou

Rotos y descosidos

24 de septiembre 2012

     Es sabido que Centroáfrica es hoy un país a la deriva, con toda su población atrapada como en un campo de concentración, rehén de un gobierno Seleka también a la deriva. La Seleka se desquebraja a cámara lenta ya que de sus 5 grandes ramas militares que componían la primera coalición que invadió Centroáfrica a final de 2012 hasta hoy, ya solo queda una, la que está en el poder y las otras (unos 15.000 rebeldes) pululan entre clandestinas y salteadores de caminos a la búsqueda desenfrenada de una presa a la que saquear.

     La gente está cansada de tanto trapicheo a gran escala, de abusos sin límites, de tener que aguantar la molestísima presencia de unos soldados extranjeros (chadianos y sudaneses en su gran parte y también de la etnia Mbororo, los que vagan por media África con sus vacas, peripatéticos, en búsqueda, no de sabiduría, sino de pastos buenos para sus ganados, y que ahora, tal vez a causa de la lengua árabe común, se han hecho Seleka por probar experiencias nuevas y pisotear al prójimo).

      El nuevo prefecto de Bangassou es musulmán, enviado por el Gobierno central para, entre otras cosas, poner orden e imponer la fecha del nacimiento del profeta como festiva y pagada. Llegado a Bangassou a primeros de septiembre 2013 fue mirado con desprecio por el Señor de la guerra que planea sobre nuestra región, el comandante Seleka Aldallah, cuyo nombre significa "Hijo de Allah". La llegada de un contrincante que un día puede echarlo de su "coto privado de caza salvaje" y de sus actividades carroñeras lo puso tenso y todos sentimos su crispación. A la llegada de la delegación gubernamental, sus hombres cachearon al nuevo Prefecto, miraron sus cacerolas y abrieron sus maletas. Cuando quisieron cachear a su  mujer, el nuevo prefecto se interpuso con una mirada de rabia. Le pidieron que él mismo cacheara a su mujer y así se resolvió el más que posible rifirrafe.

     Todas las escuelas católicas quisimos dar aires de normalización de la vida social del país, aún aguantando los desmanes de los Seleka, cuando les pedimos recomenzar las clases en los colegios, y con ello, dar  esperanza a esta gente sencilla con la que vivimos y que está tremendamente atemorizada. Con los colegios también se abrieron las consultas en el Buen Samaritano y la pediatría, tímidamente se puso en marcha el hospital general, etc. A los pocos funcionarios presentes en Bangassou no se les ha visto todavía el pelo, porque siguen, falsos camaleones, disimulados entre el pueblo llano. Sus despachos están impúdicamente "patas arriba" sin puertas ni ventanas  y han sido desbalijados de sus bienes. Sólo los del catastro han logrado salvar algún archivo. Se esconden simplemente, para no darse de narices con grupos de Selekas. El gobierno central, incapaz de poder freno a la indisciplina de sus tropas, vio cómo éstas, hace pocas semanas, escarnecieron dos barrios de la capital Bangui, robando a voluntad y matando gente con la excusa de que estaban buscando armas. La respuesta de cientos de personas, además de golpear cacerolas y cortar la entrada al barrio, fue la de invadir la pista central del aeropuerto de Bangui, impedir la salida de aviones y, sobretodo, la llegada del vuelo de Air France de los jueves por la mañana. Francia, la antigua colonia, y los países de la Unión Europea estuvo obligada a fijarse por una vez en las desdichas que Centroáfrica está viviendo, molida a palos por los Seleka, ante la indiferencia de la comunidad internacional.

     Vivimos, sobretodo en la capital y en la zona norte del país, como si todos estuviéramos metidos en el lodo hasta el cuello, rondando ya la barbilla y los labios, y lo que la ONU y la Unión Africana quiere, es que nadie hable del tema. O que nadie haga olas para que no nos llegue a la boca, el país no se atragante y no vomite bilis contaminando a todos los países limítrofes de Centroáfrica. Por eso, finalmente, es un éxito que el próximo 25 de septiembre, una delegación centroafricana sea recibida en la ONU para escuchar súplicas y llantos y para proponer soluciones, entre ellas que militares profesionales vengan rápidamente a Centroáfrica, controlen férreamente a los Seleka y se organicen nuevas elecciones.

     Ahora esperamos resultados. Entre tanto siguen llegando ONGs nuevas, con nombres variopintos, con fondos de no sé donde, pero con mucho dinero, que gastan, calculo más o menos, el 70% de lo que reciben en salarios, logística, viajes, primas de riesgo y  primas de fin de semana. Algunas de ellas son de signo católico, dependiente de conferencias episcopales católicas y me avergüenza, otras dependen de 0'7%  que algunos países quieren dar para ayuda al desarrollo, otras a Fondos de naciones Unidas. Las de corte médico ponen celo y trabajo organizado. Les decimos abiertamente ante sus  "executif managers" de que la gente sencilla con quién han venido a trabajar y supuestamente a defender no tenga contactos con ellos (sus organismos les imponen un perímetro de seguridad muy estricto en sus desplazamientos una vez que la avioneta los ha dejado en el lugar de trabajo destinado a esa ONGs), lugar muchas veces compartido con otras 4 o 5, que a veces se amontonan, queriendo hacer las mismas cosas, los mismos análisis de la realidad e identificaciones de los problemas... mientras que la pobre gente de los poblados un poco alejados  no recibe ni las migajas, y a los más cercanos sólo les tocan algunas medicinas, lonas para los techos quemados, semillas para la siembra del próximo mes de marzo 2014 ( semillas que entre el hambre propia y la de los ratones desaparecerá para esa fecha) y consejos, eso sí, muchos consejos.

     Muchos de éstos jóvenes de ONGs, la mayoría apenas llegados por primera vez a África y que estarán, como media entre 6 meses y un año, duermen en nuestras misiones, por razones de seguridad. Allí ven que, con la poca ayuda que la misión católica ha recibido, la casa de enfermos terminales de Sida está hasta los topes, las consultas nos desbordan, las madres que vienen a recibir leche en polvo de la marca Hero para sus niños desnutridos, la reciben dos veces por semana con el único compromiso de traer un biberón y aprender a esterilizarlo en casa. Hemos comprado pajas de bambú para rehacer los techos quemados de la gente más pobre, protegemos y alimentamos cada día al último eslabón de la cadena, los enfermos mentales acusados de brujería y nuestras escuelas han funcionado hasta los exámenes finales. Podríamos hacer más y mejor si los Seleka no nos hubieran robado 30 coches. Ahora sólo las ONGs tienen coche para su trabajo. Pero nuestra primera ocupación sigue siendo sentarnos junto a la gente e insuflarles la esperanza de que esta tempestad terminará algún día no muy lejano y que la fe es nuestro mejor tesoro.

     La última desilusión la tuvimos el sábado pasado. El gobierno central había dado su acuerdo, con el fin de dar signos de normalidad ante la comunidad internacional, para que los exámenes de acceso a la universidad (el BAC) tuvieran lugar en el mes de agosto. Los 59.000 alumnos de las escuelas católicas llegaron a la cita. Nos dimos cuenta de que las pruebas estaban plagadas de irregularidades. Muchos de nuestros alumnos no estaban en las listas preparadas por el gobierno. Otros de las escuelas públicas también faltaban, pero sobre todo muchos de la escuelas públicas que no habían tenido acceso a las clases a causa de la inseguridad, estaban en las listas. Luego, el día del examen en la capital, jóvenes Seleka entraron en la sala armados y  con uniforme militar, cogieron las preguntas y se salieron (seguramente para que alguien más competente se lo rellenara afuera). Más tarde volvieron tan panchos, con la pistola visiblemente colocada en la cintura, para entregar su examen... El resultado ha sido que los exámenes del BAC de este año, después de todo el esfuerzo y el gasto con los profesores, no han servido para nada porque han sido anulados en todo el país. Año en blanco. Lo hemos intentado aunque todo haya caído en saco roto!!

 

     Mons. Juan Jose Aguirre

     Obispo de Bangassou (24/09/12)






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