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ÚLTIMAS NOTICIAS DE JUANJO

Felicitación de Juanjo desde Bangassou

Chantale y otros ángeles

     Una Navidad sin cena de Navidad, sin turrón ni polvorones, es insólito, como pegarle una patada al sentido común, o al menos, darle un requiebro a lo que siempre se ha hecho.

     El covid19 manda este año, pues esta tempestad mundial ha dejado al desnudo todas nuestras fragilidades, incluso ha puesto de rodillas el consumismo reinante en todo su esplendor. Aquí en Bangassou nunca ha estado de moda cenar juntos en familia, ni darse regalos, ni someterse a la realidad virtual que nos ha hecho perder el gusto por lo real.

     Normalmente a las 10 de la noche del 24 de diciembre todos están ya en la cama. En Bangassou, tierra-tierra en los subterráneos de este mundo, lo único necesario siempre ha sido el participar a la misa de Navidad al atardecer, sobre las 6, cantar sus cantos de noche de paz, entrar en la gruta de Belén, descansarse en la contemplación de la Sagrada Familia y oír los ángeles cantando las glorias de la Navidad. Abandonarse en contemplar el rostro del Niño Dios.

     Aquí la Navidad se vive desde el corazón, no desde los sentidos. Después de la Misa, con buen regusto del dulce canto en la boca, la familia se va dormir. A lo más, cuando desde las diferentes capillas todos los curas nos juntemos en la catedral cerca de la media noche y abriremos unas sardinitas marroquíes con un chorreoncito de Ketchup.

     Mientras escribo esto, me quedo pensando en los ángeles de Dios que cantarán la Navidad a la Sagrada Familia en la oscuridad del establo, actores discretos en la fiesta, un poco en segundo plano, como decorados indispensables. Ellos serán testigos del silencio de la gruta, de los dolores de parto, del niño pasando del útero de su madre al útero gigante de la tierra, de la inquietud de San José buscando agua y limpiando restos, de la llegada de los primeros pastores, como dicen nuestros villancicos, lleno el zurrón de miel y requesón. Del niño Jesús, rostro humanizado de Dios, oliendo el pezón, buscando teta.

     En nuestra Navidad de Bangassou, no faltará Chantale, 22 años, porque será la primera vez desde hace 10 que podrá participar en la misa de Navidad. Me la encontré hace dos meses a 150 km de Bangassou, huida de la selva, después de 10 años explotada y prisionera de los asesinos de Joseph Kony, la LRA. Arrancada con 12 añitos de su familia un día que iba a trabajar el campo. No tuvo tiempo de tener sus primeras reglas cuando ya recitaba de memoria el diccionario de la violencia sexual. Era obligada a correr con 20 kilos de carga en la cabeza mientras sus secuestradores asaltaban pueblos y quemaban hórreos expoliados.

     Esta LRA lleva 40 años asesinando a mi pueblo sobretodo en el Congo, en Centroáfrica y en el Sud Sudán y todavía nadie se ha interesado por terminar con ellos. Ongs como la americana Save of Children dice que se interesa, como en aquella campaña Stop Kony del 2005, pero, a pesar de las grandes ayudas recibidas, han hecho un agujero en el agua.

     Vamos a tardar solamente 12 meses en encontrar la nueva vacuna del covid19 porque toda la sociedad de consumo se ha puesto a ello. Pero la LRA lleva 40 años machacando a jóvenes como a Chancela, robándoles la vida, y aún campan a sus anchas. Ella estudia ahora felizmente en el colegio aquí en la Catedral (su sueño es terminar un día enfermería). Y cantará como un ángel la Navidad después de 10 años de silencio. Junto a ella los 20 aprendices de carpintería, 3ª tanda en dos años, que salen del vacío de la violencia para entrar en la gruta de Belén, llena la boca de futuro e ilusiones para cantar como ángeles al niño recién nacido. Allí estará Divina, último bebé llegado al orfanato, escuálida como una anguila, toda ojos en la cara. Su historia es larga pero ya llegó a una meta de su vida en donde será tratada con mucho amor y biberón en abundancia. Su mudo canto será también canto de Navidad en Bangassou.

     Y luego estarán las de la costura, los que van a empezar a fabricar los ladrillos para el seminario, los pobres con demencia senil de la casa de la Esperanza. Nuestros seminaristas estarán también, junto al asno y la vaquilla, y mi amigo Issa, refugiado musulmán en el seminario menor. Aunque cantará en árabe y pondrá mucho empeño lo entenderemos bien pues la música es universal. Gloria in excelsis Deo!

     La humanidad más desvalida no faltará a la cita en la gruta de Belén.

                                                                                  Juan José Aguirre Muñoz

                                                                                      Obispo de Bangassou

 

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